DERIVA Y CHARLA

Los amigxs de la casa okupada La Lechuza de Monte han organizado dos charlas para febrero.  Una de ellas, el 9 de febrero, la impartirá Jesús Molinero y tratará sobre la situación actual del PGOU de Santander y la otra, el 2 de febrero, consistirá en una charla-deriva que facilito yo y en la que analizaré mediante una deriva situacionista lo que queda de poético y evocador de ese territorio tomado por la especulación y el desarrollismo que es La Vaguada de Las Llamas, y también para recordar a nuestra vecina Amparo Perez.

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LIBRO Y EXPOSICIÓN

“EL CUERPO, EL ALMA, LA CALLE”

Un gustazo haber participado en el nuevo libro del fotógrafo Chema Prieto titulado ‘El cuerpo, el alma, la calle’. Las fotografías del libro pueden verse en la exposición que bajo el mismo título se inauguró el pasado 8 de enero en Espacio Garcilaso de Torrelavega. En esta ocasión cada foto-collage de Chema Prieto va acompañada de los poemas de 26 autores, poetas y escritores de la comunidad. En su presentación Marta San Miguel señala que «más que paisajes, las imágenes parecen fotogramas de un largometraje expresionista de este siglo, algo neófito que abigarra los espacios con una superposición de significados. Es lo que pasa cuando a la realidad se le da la oportunidad de confrontar ejes y perspectivas, que todo se antoja un sueño abstracto hecho a base de photoshop, filtros y toda la osadía de la que pueda hacerse cargo quien lo mira y quien lo ofrece».
Este sábado día 19 a las 19:30 habrá un recital de poesía en el que leeremos todxs los incluídxs en el libro. En las fotos que adjunto, se ven los poemas-collages que construí motivado por las fotografías de Chema. Estoy muy bien acompañado, en un caso por Luis Malo Macaya y en otro por Marta San Miguel Miguel.
 

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El cartel anunciador del recital del próximo sábado:

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PRESENTACIÓN

Presentación de la antología de Gherasim Luca ‘La zozobra de la lengua’ en la librería Enclave de Madrid el pasado 24 de noviembre, con Javier Desvelo (editor), Benito del Pliego, Jesús García Rodríguez (uno de los traductores) y Vicente Gutiérrez Escudero (antólogo).

PRESENTACIÓN

Este viernes 21 de diciembre, a las 19:30 horas se presentará en la librería Dlibros (Lasaga Larreta, 11) de Torrelavega, el Proyecto Cantábrico, de la serie Sesos y Tripas editado por Ediciones Venguerén‎. Se finaliza así el “tour” de presentaciones correspondientes a 2018.  El Especial Cantábrico es el tercer número de la Serie Sesos y Tripas (cocina y poesía), con ilustraciones de Patricia Villamarín y de Bartolomeo Scappi.
En la parte de Sesos, una compilación de recetas de preparación de pescado, de restaurantes de Cocina Artesana Cantábrica, desde Estaca de Bares a Hondarribia:
La Vita, Casa Cachón, La Proa, Ria do masma- Café Moderno, Tetuán, Casa de Marino, La Esperanza, Mayua, Sierra Xove, Casa del Mar, Barbeiro Abres, Bodega Donostiarra, A Sobreposta, El Puerto, El Pinalín, Nordestada, Taberna Gigia, La Trainera, Hermandad de Pescadores, Birjilanda, Casa Miranda, Saltxipi, Hipódromo de Suso,Basusta, Begotxu, Almiketxu, Racimo-Barrilete, Guernica, El Bote, Aizpuru, Cofradía de Rinlo, La Parra y La Esperanza.
Las recetas de esta edición libro llevan el conocimiento de los pueblos hermanados con el mar. Algunas han ido evolucionando y otras permanecen como herencia generacional transmitida. La sabiduría de mujeres y hombres puesta sobre la mesa maridada con caldos terrenales. Ilustraciones de Patricia Villamarín y de Bartolomeo Scappi.

En la parte de Tripas, el Proyecto Cantábrico, poesía de 36 autor@s nacid@s o residentes, o amb@s, en la franja cantábrica: Mónika Nude, Karmelo C. Iribarren, Andrea Uña, David González, Victor Pérez, Judith Rico, Vicente Gutierrez Escudero, Patricia Fernández, Roxana Popelka, Olalla Cociña, Fernando Beltrán, Amaia Barrena, Xavier Frías-Conde, Mariano Calvo Haya, Bolo, Pablo Müller, Julián Borao, Silvia Prellezo, Antón García, Ritxi Poo, Itziar Mínguez, Pablo Texón, Berta Piñán, Xoel Prado-Antúnez, Viki Veiguela, Javier Menéndez Llamazares, Marisol Huerta Niembro, José Juan Martínez, Ane Andikoetxea, Juan Manuel Uría, Julio González Alonso, Blanca Sarasua, Marianella Ferrero, Alberto Muñoz, Manuel González y Sihara Nuño.

Para este viernes participaré en la presentación junto a tres autor@s más del libro:
Javier Menéndez Llamazares
Vicente Gutierrez Escudero
Silvia Prellezo
Alberto Muñoz
Mariano Calvo Haya.

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ARTÍCULO

INVITACIÓN AL TIEMPO EXPLOSIVO

Hoy, El Diario Montañés publica un especial dedicado al juego; concretamente a un libro singular y necesario, que realiza un acercamiento inusual al juego, el libro es “Invitación al tiempo explosivo”, coordinado por Julian Lacalle y Julio Monteverde, y editado por Ed. Sexto Piso este mismo año. Junto a un artículo muy atinado respecto de las posibilidades no comerciales del juego, del escritor Javier Menéndez Llamazares, aparece un artículo mío titulado “Osar jugar”.

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Osar jugar

invitacion-al-tiempo-explosivo.jpgEs evidente que vivimos en sociedades en las que los juegos que más proliferan son los juegos de azar -como la lotería o las tragaperras- y los juegos competitivos. Estos últimos son experimentados, además, de forma pasiva; el aficionado los vive como mero espectador. Es el caso del fútbol o el ciclismo. Por tanto es de celebrar que haga su aparición un libro como “Invitación al tiempo explosivo. Manual de juegos”, una publicación necesaria que nos recuerda que el juego, más allá de ser un espectáculo o un mero entretenimiento, puede servir para cambiarnos la vida, tanto individual como colectivamente. En lo que sigue trataré de explicar cómo.

Sabemos que a lo largo de la historia han existido infinidad de juegos. Roger Calliois los clasificaba en cuatro subgrupos: competición, azar, simulacro y vértigo. Claro que muchos juegos pueden poseer elementos de dos o más de estos grupos. Las carreras de esquí, por ejemplo, aúnan competición y vértigo. De ese modo, combinando cualquiera de esas cuatro características, o esos cuatro principales móviles de los juegos como los llamaba Calliois, generaremos todos las formas de juego que se nos ocurran.

Dicho esto, he de agregar algo importante: el juego, además de ser una actividad libre, incierta e improductiva es también un ejercicio de profanación. En él, el tiempo ya no es algo sagrado sino que se pone al servicio del deseo; no hay más que ver jugar a un grupo de niños y niñas en la calle -si es que aún quedan lugares donde eso sucede- para darse cuenta de que parecen haber entrado en un extraño trance, inconcebible en un adulto, desde el que experimentan una suerte de libertad, grotesca y envidiable. El juego es, también, un ejercicio de transgresión pues lo cuestiona y altera todo. Fue Giorgio Agamben quien afirmó que el juego opera de forma opuesta a como lo hace el rito –que fija las fechas del calendario y las inmoviliza- destruyendo la conexión entre pasado mítico y el presente para hacer surgir nuevos acontecimientos, anomalías y puntos de fuga inesperados.

Si lo llevamos al terreno creativo veremos que el juego desempeña un papel esencial. Preguntémonos cuánto de juego existe en la composición de una canción, en la escritura de una novela o en la creación poética misma. Claro que son muy pocos los músicos o escritores que muestran sus propios procesos de creación; los caminos que han seguido o las técnicas que han puesto en práctica, escondiéndolo todo en mera inspiración. Cuando se habla de escritura poética, por ejemplo, parece que el poema llega por arte de magia cuando ese tipo de escritura es, en el fondo, un juego que tiene mucho de azar, de simulacro, y yo añadiría, en gran medida, de vértigo ante las potencias del inconsciente.

Yo personalmente siempre me he planteado la escritura poética como un juego. Por ejemplo, la escritura automática, a solas o en grupo, tiene mucho de azar, del placer del simulacro y de la atracción del vértigo ante el inconsciente de uno o ante el inconsciente colectivo de los participantes. Igualmente podríamos hablar del célebre collage de imágenes o palabras; un collage de palabras puede concebirse como un dominó verbal en el que se unen, de forma irracional, unas palabras con otras. Las reglas de este juego son las siguientes. En una primera fase, que puede durar horas o días, se procede a recortar palabras y frases, que son depositadas en una gran superficie. Después se pasa a la lectura azarosa de todas ellas y se van uniendo unas con otras, buscando la coherencia sintáctica, pero a su vez estableciendo conexiones irracionales en el inconsciente. En una fase final, se pegan las frases seleccionadas, confeccionando poemas. He de añadir que si este juego se realiza con otras personas sus posibilidades se multiplican.

Pero daré un salto más para tratar de trasladar todas estas prácticas a las aulas. ¿Es posible articular una práctica pedagógica voluntaria mediante el juego? Antes de avanzar me gustaría alertar de una moda cada vez más extendida en los ámbitos educativos. Se trata del fenómeno conocido como gamificación. El juego escolar va vinculándose cada vez más a las nuevas tecnologías y de esa forma es reducido a realidad virtual: plataformas digitales, páginas web, viodeojuegos como Minecraft: Education Edition, juegos competitivos de preguntas y respuestas como Kahoot, con  sus ranking y ganadores, o distintos dispositivos en los que el alumno va recibiendo los contenidos que el profesor o profesora va explicando. No hay que olvidar que el hecho de jugar en un medio tecnológico –un medio sobre el que los usuarios no tienen control- lleva implícito una ideología, que no es otra que la tecnolatría: la fe irracional en la tecnología.

Frente a eso, propongo el juego colaborativo y rudimentario, al alcance de cualquier grupo humano. Como docente he propuesto en diversos institutos de secundaria y centros de adultos actividades que apuntan en esa dirección. Pondré un ejemplo de taller de creación poética que es, ante todo, un juego. Sus normas son las siguientes: se forman grupos de tres personas. Cada grupo dispondrá de varios periódicos y revistas. Durante unos minutos los participantes hojearán esas publicaciones y recortarán aquellas palabras o frases procedentes de titulares que les resulten evocadores o cuya carga semántica les sea llamativa y las colocarán en una superficie amplia, en un espacio central respecto del grupo. Los participantes empezarán a unir frases y palabras –siguiendo la pura intuición, de forma irracional- formando otras nuevas frases que tengan, al menos, coherencia sintáctica. Cada grupo deberá confeccionar, de ese modo, un poema de forma consensuada.

Es en esos momentos cuando la escritura colectiva funciona de algún modo como un juego que obtiene su energía más bien del azar, del inconsciente colectivo y del deseo. Los resultados, en todos los talleres de creación que he coordinado, han sido siempre fascinantes. De hecho, los jugadores y jugadoras, quienes en su mayoría nunca se habían atrevido previamente a escribir poesía, fueron siempre los primeros sorprendidos, pues nunca se habían creído capaces de poder formar versos como los obtenidos.

Esta es sólo una propuesta de las muchas que se nos pueden ocurrir. Sería deseable que todos y todas, en el aula, en familia, entre amigos o con desconocidos, creemos nuestros propios juegos en función de nuestros propios deseos y necesidades. Aunque exista toda una tradición vanguardista del juego, el juego libre, si es libre, ha de atentar contra toda tradición. Es por eso que los autores de “Invitación al tiempo explosivo” invitan al lector a “crear sus propias alternativas tomando como fuente de inspiración uno, varios o ninguno de estos juegos”.

Creemos nuevos juegos; juegos de visión extrarretiniana, juegos colectivos de pintura ciega, juegos de abandonar objetos por los bosques, juegos de acariciarse durante horas, juegos de lamerse los ojos, de noche, por las playas, juegos de construirse máscaras rituales, en el patio, con los vecinos y las vecinas, juegos pánicos de caminar en línea recta atravesando fábricas y viviendas, juegos sexuales de ahogamiento, juegos de invocar espíritus en la madrugada, juegos de magia o de adivinación… En una sociedad como la nuestra, individualista y sistematizada, hay que gritar bien alto que es necesario jugar. Osar jugar.

 

Vicente Gutiérrez Escudero

CRÍTICA

La mutación permanente en Juanjo Viota

47314927_306503993300109_4112328407352606720_n.jpgEl pasado día 10 de noviembre el pintor Juanjo Viota inauguró la exposición ‘Escenas de un imaginario mutante’ en “La Central 1897” de Santander. La retrospectiva, que será todavía visitable hasta el 13 de diciembre, recoge una buena muestra de su producción artística de los últimos 20 años.

El visitante puede disfrutar, en una sola sala, de todos los juanjos posibles; desde el Juanjo más orgánico y colorista, al más figurativo y surreal. No es un arte errático es que Juanjo persigue todas las potencias del alma. De modo que aparece Juanjo, por un lado, con sus osos y superhéroes al hombro; por el otro, con sus extrañas “amebas” de colores, sus texturas con ánima y sus andamios laberínticos, que nadie sabe hacia dónde nos llevan. Es un pintor cargado de regalos. Tan pronto te asoma el ojo por un microscopio como te mete dentro de una galaxia o te lleva de visita a un sueño o a un barrio suburbial. Ciertamente Juanjo gana imaginarios al ganar estilos. Como ha dicho acertadamente de él Guillermo Balbona, es «un autor con capacidad para desarrollar gran amplitud de registros».

La ingente iconografía de Juanjo Viota ha pasado por diferentes etapas. En esta exposición podremos recorrer todas ellas. En la serie “Andamios”, de mediados de los años 90, encontramos intrincadas texturas y sutiles juegos de transparencias que él crea como nadie. En una ocasión él me las comparó con esas grandes mallas de andamio 47057898_201405494072295_6375061133304266752_n.jpgque recubren los edificios en obras, y en las que imagina “mares verticales” al ser zarandeadas por el viento. En los cuadros de esa época hay mucho de eso. Abunda en todas esas geometrías blandas y líneas de tensión un placentero juego de abstracción; contornos y siluetas, segha podido verornos y siluetas, segn realidadún él, de difícil lectura, pero en mi opinión, de fácil ensoñación. También extrañas nubes biomórficas o zoomórficas, que habitan un espacio siempre inestable y que nos arrastran con ellas a su ingravidez. Hay que agradecerle a Juanjo que no pinte agujeros negros pues quedaríamos atrapados en ellos para siempre. Creo haberle oído decir en una ocasión que esa etapa tiene mucho de misticismo. Lo que le salva a Juanjo de ser un místico es precisamente el misticismo de sus obras, que le arrebatan a él todo posible misticismo.

47389844_327962627791653_3525927301134942208_nLa muestra también incluye obras de su etapa más colorista, pertenecientes al final de la década de los 90. En estas obras hace estallar bengalas; surgen formas orgánicas que se mezclan y dialogan en aparente armonía. El cuadro se ha convertido, de pronto, en una placa de Petri. Hay mucho de automatismo, o eso me lo parece. La serie “Orgánicas”, formada por nueve piezas y perteneciente al año 1998, da fe de esto que digo.

Con el cambio de milenio da un nuevo salto; pasa de lo orgánico a la figuración y comienza a incluir en sus cuadros presencias misteriosas. Se nutre tanto de la cultura pop como de personajes del mundo del comic. En la exposición nos ofrece principalmente jirafas, osos polares y orangutanes. Es el caso de obras como “La confesión” o “En tela de juicio”, del año 2005. Y harto de espacios 47318058_208219680091347_4385106384526508032_ninestables decide someterlos a la fuerza de la gravedad. Los posa y, con el tiento que tiene para todo, los hace dialogar. En ese realismo mágico, en esos escenarios que parecen haber salido de un sueño, asusta tanta indagación, tantas sugerencias.

Durante la segunda mitad de la década pasada, inicia el abandono de los escenarios minimalistas, con sus suelos oníricos y paredes limpias, para adentrarse en escenarios radicalmente realistas. De ese modo se adentra con delicadeza en paisajes industriales y periféricos. También abandona los juguetes de la infancia y los personajes de ficción para representar personajes circenses y bizarros, incluso introduce a algunas de sus amistades. La obra “Visto y no visto”, de 2010, la más reciente de todas, es buen ejemplo.

Sobra decir que todas estas etapas creativas se solapan y enriquecen mutuamente. Por eso ésta es una buena oportunidad de observarlas todas juntas, resonando unas en otras. Esta exposición ayuda, además, a coger perspectiva de su trayectoria. Hasta el día 13 de diciembre, como dije, puede disfrutarse. Así que dense prisa. De todo hay en esa sala. Juanjo nos describe los sueños y las galaxias, el átomo y el circo. Si la exposición durase una semana más, sin duda, sus cuadros empezarían a mutar, cobrarían vida, y ese concept store no tardaría en convertirse en un zoológico liberado, en una juguetería encantada o en un temible e inquietante acelerador de partículas.

Vicente Gutiérrez Escudero

Publicado el 4 de diciembre en El Faradio:

http://www.elfaradio.com/2018/12/05/la-mutacion-permanente-en-juanjo-viota/