RESEÑA

Arturo Borra acaba de publicar esta reseña sobre mi libro “La mujer abolida” en el blog Transtierros (https://transtierros.org/2017/12/11/la-vida-encarcelada-una-lectura-de-la-mujer-abolida-de-vicente-gutierrez-escudero-arturo-borra/)

La vida encarcelada: una lectura de “La mujer abolida” de Vicente Gutiérrez Escudero.

 

portadaEn El abecedario de Deleuze, Boutang pregunta al filósofo ante qué resiste exactamente la creación (poética, filosófica, científica). Su respuesta es rotunda: se trata de resistir “(…) al arrastre y a los deseos de la opinión corriente, a todo ese dominio de interrogación imbécil” en el que cotidianamente nos movemos. Aunque habría que señalar que no todo arte poético se inscribe en ese horizonte de resistencia, al menos aquella creación artística que se mueve en esa dirección procura “(…) liberar la vida que el hombre ha encarcelado”. La referencia a la categoría de «hombre» introduce, sin embargo, una ambigüedad: puede reenviar al sujeto masculino en particular o bien al conjunto de seres humanos con el que históricamente ha estado asociado el término. Podría insistirse incluso en que esa vida, como objeto de control, ha sido encarcelada más que por el “hombre” en un sentido genérico por una multiplicidad de prácticas opresivas en la que cabe establecer responsabilidades de género compartidas y desiguales al mismo tiempo. La vida ha sido encarcelada en una trama histórica y social de poder en la que no todo/as tienen responsabilidades similares. Llámese «capitalismo», «patriarcado» o «colonialismo», esas configuraciones de poder se sostienen sobre la base de ciertas subjetivaciones de género que, en diferentes medidas, no sólo son encarceladas sino que también pueden terminar encarcelando.

Así, incluso si eludimos cualquier forma de maniqueísmo, necesitamos desplazarnos de la categoría genérica de «hombre» a una alternativa más específica que nos permita vislumbrar no sólo quiénes son habitualmente los victimarios sino, simultáneamente, los modos en que producen y legitiman esos procesos de victimización. La mujer abolida de Vicente Gutiérrez Escudero (El Desvelo Ediciones, 2017, Santander) bien podría situarse en esa intersección, entre la crítica feminista y el análisis sociocultural, a efectos de elucidar las persistentes desigualdades de género en el corazón mismo de los vínculos amorosos, sin olvidar su entrelazamiento con otras formas de desigualdad sistémica.

La dedicatoria inicial a la activista hondureña Berta Cáceres podría inducir a error, ante todo, porque -como señala Esther Ramón en el prólogo- su asesinato es más un ejemplo de resistencia -ligada al activismo medioambientalista en el llamado “tercer mundo”- que de abolición, al menos en la acepción que sugiere el autor. La mujer asesinada es la mujer que no puede ser “abolida” sino a través de la violencia o ultraje que se produce sobre su cuerpo[1]. Pero un cuerpo ultrajado mediante el asesinato o la violencia de género no es el único modo (aunque sí el más manifiesto) en que opera el patriarcado. Para decirlo directamente: la abolición de las mujeres opera, de formas más sutiles, mediante la sobreproducción de imágenes y sentidos en los que la singularidad del devenir-mujer es borrada a partir de su remisión a unos atributos presuntamente esenciales y atemporales.

Así, a diferencia de aquellas violencias que se ejercen directamente sobre los cuerpos, La mujer abolida insiste en otra forma de violencia, no menos grave, centrada en la construcción simbólica de un modelo único de feminidad, planteado como obligatorio, definido por su condición ahistórica y subsidiaria al “hombre” (concebido en términos no menos esencialistas). Su opción crítica, entonces, ahonda en un plano semiótico donde se prefigura la violencia corporal, comenzando por un «ideal de amor» que a la vez que enarbola la idea de la Mujer, niega la singularidad de cada una de ellas, esto es, sus específicas formas de ser y estar en el mundo.

                        NO HACER A la Mujer,

no construirla,

no decirle que existe,

no inventarla,

no prolongar más su expiración,

no proteger más su agonía,

no erotizarla con aquello que disimula su materia (…)

 

La «amada ilusoria» es la contracara del hecho de estar prisioneros en un mundo excremental (religioso, ideológico, moral). En ese ideal, el significante «Mujer» representa una suerte de Plenitud que las mujeres estructuralmente no pueden alcanzar, con todas las consecuencias frustrantes que ello implica. El «ideal femenino» -promovido por las industrias culturales dominantes- termina así aboliendo a las mujeres bajo la forma de una violencia sutil pero no menos efectiva: la modelización simbólica de su figura a medida del patriarcado contemporáneo.

Las consecuencias materiales de este ideal mítico no sólo obstruyen una práctica de libertad;  también ponen en juego una moral sexual dualista –como insistiera W. Reich hace décadas- que separa lo amoroso de lo sexual, la eternidad de lo transitorio, lo puro de lo impuro, la virgen de la puta. En esta economía binaria –“la odiosa dualidad cuerpo-espíritu”-, la contracara de la Mujer idealizada es el estigma que sufren diversas mujeres que plantean una relación con su deseo o sus afectos que no pasa por la exclusividad de los “rancios altares” o por la “disciplinada madre modélica” sino por una exploración autónoma de sus potencialidades.

En esa dirección, Gutiérrez Escudero interroga nuestras formas de amar presentes, tal vez como un paso decisivo para alumbrar una práctica amorosa desde la ensoñación, si no completamente nueva sí al menos diferente: aquella práctica que permite tomar distancia, no sin contradicciones, de una cultura sexista que encarcela el erotismo en la jaula matrimonial (como presunto destino del ideal). El mito opera como negación de lo plural, de una multiplicidad posible de devenires sin modelo prefijado ni puerto seguro donde arribar. En suma, La mujer abolida, tras su labor deconstructiva, insinúa un camino libertario borrado por el triunfo mítico del Amor romántico en una sociedad que no cesa de enterrar otras formas de amar bajo la manta de las “imposibilidades heredadas”.

Ante ese triunfo que es también señuelo, ¿cómo no apostar por una política de los afectos disidente, capaz de abrazar una experiencia amorosa sin modelo de Mujer ni, mucho menos, sin Mujer modelo que participe en la “sintaxis repetitiva” de la representación masculinista? La experiencia amorosa, concebida de ese modo, reenvía a la contingencia del “desorden persistente” del «éxtasis», precisamente como aquella experiencia del estar fuera de sí, pero también de un ser-con-otro que hace estallar el solipsismo del sujeto y sus proyecciones defensivas. El autor recuerda así la promesa de un erotismo desamarrado, de una política del amor que no pase por la colonización del otro sino por la construcción de un vínculo simétrico con su “alteridad perpetua”, “sublevación que pulsa cada noche/en el reverso/ de los párpados”. En ese acontecer, amar es tanto erosión de la jerarquía de los cuerpos sexuados como sabotaje de las máquinas simbólicas e institucionales que la sostienen. La práctica amorosa, en vez de reconducir a un territorio conocido y delimitado por el ideal, remite a un espacio de extrañeza compartida que, desde una lengua no menos desconocida (casi ilegible), traza sus líneas de fuga, incluyendo aquellas que desdibujan las fronteras entre el “yo” y el “otro”, “nosotros” y “ellos” (si algo así resulta imaginable en el actual contexto de privatización de la experiencia), entrando en una zona de indiscernibilidad en la que “hombre” y “mujer” ya no constituyen polaridades antagónicas.

Es urgente

amar como quien se suicida,

incendiarse en la materia incomprensible de otros cuerpos,

dignificarse en la vulnerable materia de los cuerpos,

reconquistar las fraternales,

frágiles,

minúsculas caricias

de los cuerpos

en que se funda la esperanza de otro mundo.

 

No busque el lector fórmulas universales para esa esperanza. La mujer abolida abre las puertas a formas heterogéneas de relación social que quiebran la violencia mítica del modelo ideal(izado) del Amor. La crítica a esa mitología bien podría invocarse como una contribución a la añoranza de liberar esa vida encarcelada que ciertas escrituras disidentes persiguen. Abrir esas puertas, sin embargo, difícilmente puede hacerse desde el lenguaje heredado de las tradiciones intelectuales en las que ese modelo se ha construido. Las evidencias luminosas de esas herencias, después de todo, también oscurecen otras posibilidades humanas. Lo dice bellamente el autor: “Cuanto amor se nos pierde en esta luz”. No es extraña, pues, la apelación a una lengua otra –apelación quizás desconcertante en su aproximación regular de lo poético a lo teórico, como un suplemento que erosiona la misma frontera entre los géneros. Los poemas se mueven así entre el surrealista dictado del inconsciente y una conceptualidad filosófica que aspira a desplazarse de un cierto discurso amoroso que instituye los roles de género como jaulas existenciales. A pesar de esas jaulas, en la singularidad de cada devenir, sigue latiendo la promesa de otros lazos sociales floreciendo como una orquídea en la noche.

[1]Siguiendo este argumento, podría sostenerse incluso que el feminicidio es producto no tanto de la abolición de la mujercomo de su fracaso: puesto que la resistencia a la cosificaciónes tan real como la cosificación misma, la salida machista ante esta resistencia, en los casos más graves, se manifiesta como destrucción del objeto de deseo.

Arturo Borra

 

En 

https://transtierros.org/2017/12/11/la-vida-encarcelada-una-lectura-de-la-mujer-abolida-de-vicente-gutierrez-escudero-arturo-borra/
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PRESENTACIÓN

He aquí la primera parte de la presentación de mi poemario “La mujer abolida” el pasado 24 de noviembre de 2017 en La Vorágine de Santander. Intervinieron Javier Fernandez Rubio (editor de El Desvelo) y Noé Ortega (poeta).

LA TIZA ENVENENADA

EDICIÓN REVISADA Y AMPLIADA

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Si la primera edición de “La tiza envenenada” (Ed. La Vorágine, col: Textos (in)surgentes, 2016) os dejó con hambre no temáis; acaba de salir del horno la tercera edición ampliada con un largo texto que relaciona antipedagogía con  los límites biofísicos del planeta, crítica antiescolar con teorías antidesarrollistas… Contra los expertos y los pedagogos, contra los gurús de la educación y los oportunistas del homescholing.

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ANTOLOGÍA COMENTADA

LOS MUERTOS (ANTOLOGÍA COMENTADA)

El pasado 24 de noviembre de 2014 en el CN Foto de Torrelavega se presentó un libro singular en el que colaboro: Los muertos (antología comentada). Ha sido editado en la colección Torre de la Vega por el Aula Poética José Luis Hidalgo y la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Torrelavega y coordinada por los poetas Carlos Alcorta y Rafael Fombellida. En él aparecen poetas como Ana García Negrete, Antonio Casares, Francisco Palacio, Jaime Peña, Juan Francisco Quevedo, Mariano Calvo Haya, Vicente Gutiérrez Escudero, Marisa Campo, Paloma Bienert, Raquel Serdio o Sílvia Prellezo. Con esta obra se ha querido conmemorar el 70 aniversario de un libro que, a mí personalmente, me marcó hace ya varios lustros: Los muertos. Pero no es el primer libro de este tipo pues en el 2014 ya se editó un antología similar, esa vez en torno a otra obra esencial del poeta: Raíz.

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Los participantes han comentado y analizado un poema de este libro de Hidalgo. En mi caso, mi comentario tuvo que ver con el poema “Nubes sobre los muertos”.

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CITAS

“No creo que haya crítica literaria en sí; no existe método crítico independiente de una filosofía más general; es imposible hablar de literatura sin referirse a una psicología, a una sociología, a una estética o una moral: la crítica es forzosamente parásita de una ideología más vasta”, Roland Barthes, en El grano de la voz. Entrevistas 1962-1980, p. 28.

JORNADAS

PENSAR, EXPERIMENTAR LA EXTERIORIDAD

El sábado 18 de noviembre, entre las 11:45 y las 21:00 se celebrarán unas jornadas en las que participaré. Las charlas que proponemos para esta Jornada, que desde el Grupo surrealista de Madrid hemos titulado «Pensar, experimentar la exterioridad», se inspiran en el libro titulado «Crisis de la exterioridad. Crítica del encierro industrial y elogio de las afueras» (Enclave de libros-Grupo surrealista de Madrid, Madrid, 2012).
Lo que denominamos exterioridad lo localizamos en tres ámbitos: en los centros urbanos de la ciudad y la metrópolis; en las afueras (o periferia) de las mismas; y en lo que, más allá de estas, identificamos aún, no sin zozobra, con la naturaleza.
La restitución de nuestra relación con la exterioridad se inscribe en dos coordenadas de sentido diferente, cada una de las cuales otorga a esta operación un valor especial. Por un lado, esta restitución es una necesidad ontológica esencial y atemporal del ser humano, en tanto que responde a la sed de infinito de su imaginación y de su sensibilidad. Por el otro, restablecernos la exterioridad como un terreno de relación, juego y experimentación de lo maravilloso es una necesidad histórica urgente e inaplazable en la fase actual de la catástrofe provocada por la lógica del capital y por su mismo derrumbe.
Pensamos, y nuestros humildes experimentos nos lo confirman, que, a pesar del asedio al que se ve sometida la exterioridad por la tecnologización paroxística de la sociedad industrial, reside en ella una de las mayores promesas de la renovación sensible del ser humano, y también una de sus más importantes reservas poéticas.

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11.45h
«¿Que hay afuera? Apuntes sobre la posibilidad o no de exterioridad de y en el mundo industrial.»
José Manuel Rojo

13.00h
«Exterioridad y ecología»
Jesús García Rodríguez

17:45h
«Exterioridades y exterioricidio en Santander.»
Vicente Gutiérrez Escudero y Noé Ortega.
Debate

19:15h
«Inconsciente de la exterioridad (…y el influjo del mar).»
Eugenio Castro