TRADUCCIÓN

JOËL GAYRAUD

gayraudJoël Gayraud, es uno de los miembros del grupo surrealista de Paris más activos. Es, además de un gran indagador en el mundo onírico y un firme defensor del pensamiento utópico, traductor al francés de Giorgio Agamben –entre otros autores- y formó parte del comité de redacción del número 1 de la revista Tiqqun. El caso es que el verano pasado, recorriendo Francia, pude adquirir uno de sus más interesantes libros: La peau de l’ombre, publicado en 2004 por el sello José Corti Editions, editorial en la que, por cierto, Gherasim Luca publicara la mayoría de sus libros. He de decir que ya conocía algunos de sus párrafos, ya que fueron traducidos al castellano por José Manuel Rojo para el número 15/16 de la revista “Salamandra. Intervención surrealista” en 2005. Las piezas que aquí traduzco son otras distintas a las que aparecieron entonces.

El libro está compuesto por un total de 410 piezas; reflexiones teóricas o derivas expresivas en las que asoman sueños, deseos de revuelta y fogonazos de una lucidez crítica admirable, con las que su autor analiza la vida cotidiana del sujeto actual, todo ello impulsado por un innegociable pensamiento utópico. Ante una realidad que se ha virtualizado y se ha convertido en un espectro, los textos de Gayraud dan carne y sustancia a eso que se intuye, aquello que justamente el filósofo ha descarnado en buscar de la verdad. En resumen, La peau de l’ombre esconde un largo encadenamiento de agenciamientos de enunciación que, sin pretender resolver los enigmas de la realidad, lanzarán al lector a sus más inextricables laberintos. Entre Giorgio Agamben y Roland Barthes, entre André Breton y Francis Ponge, entre Guy Debord y René Char; por esa senda no marcada transita Joël Gayraud.

Recientemente Gayraud ha publicado el libro L’Homme sans hoziron. Matériaux sur l’utopie, libro en el que profundiza en la cuestión del colapso del capitalismo actual desde la inusual óptica del surrealismo.

Extractos de La peau de l’ombre

 

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Hay una analogía obvia entre recordar y soñar: recordar es soñar lo que uno ha vivido, y soñar es hacer que aquello que uno recuerda cobre vida.

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Tan refinado, siempre habla con la boca vacía, completamente vacía, tanto que ya nadie lo escucha.

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La expresión “hacer un viaje por carretera”, tan querida por los imitadores de la Generación Beat en la década de 1970, siempre me ha irritado. Detrás de su trivialidad, puedo ver cómo toma forma la antítesis de lo que debiera ser un viaje o una aventura. Puedo imaginar una serie de lugares, uno tras otro y al mismo tiempo, un desplazamiento lineal sin el espesor de la experiencia, itinerancia confinada al desenredado de una cinta insípida de asfalto, justificando por esta captura mutilada de la espacialidad un mundo que ha renunciado a la aventura de la historia.

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Tal vez algún día seamos testigos de una revuelta masiva cuya principal motivación y más claro proyecto consistan en reapropiarse del tedio. Los hombres luchan hasta la muerte por reclamar el derecho al aburrimiento, para disfrutar al fin del aburrimiento que les pertenece, del cual una avalancha diaria de anuncios, ofrecidos generosamente y preparados para el consumo, los ha privado.

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Al sol, las olas del mar Egeo centellean esta mañana como estrellas. Mientras que imagino la bóveda celeste por la noche como si fuese un océano inmenso, con las estrellas como la cresta brillante de las olas invisibles iluminadas por un sol al que damos perpetuamente la espalda, como los prisioneros en la cueva de Platón; un sol dispensador de luz destinado a permanecer para siempre invisible a nuestros ojos sublunares.

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El catolicismo efectuó un retorno al politeísmo, pero se trata de un politeísmo continuamente aumentado. De hecho, uno puede multiplicar el número de santos hasta el infinito; teóricamente, uno podría tener tantos santos como personas. Para los paganos, sin embargo, el número de dioses es limitado; su politeísmo consiste en entidades discretas. En la religión católica, los límites entre lo profano y lo sagrado se ven constantemente difusos por la capacidad de extender indefinidamente la esfera de la divinidad.

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“El espejo es nuestro maestro”, señala Leonardo da Vinci; y podría haber agregado: “como la muerte, como el tiempo, en el que también nos vemos reflejados”.

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En la oposición, totalmente artificial, que los hombres persisten en establecer entre cuerpo y espíritu, la superioridad del cuerpo es evidente: el espíritu no sabría sobrevivir sin el cuerpo, mientras que el cuerpo podría prescindir del espíritu. Este es el hecho tan obvio que las religiones del ascetismo han hecho todo lo posible por encubrir.

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El alcoholismo mata la embriaguez tanto como seguramente lo hace la sobriedad; la práctica del exceso debe saber liberarse de toda compulsión.

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Coloque cualquier objeto frente a un espejo –aunque éste sea la obra más perfecta de los fabricantes de espejos venecianos- y siempre le parecerá más borroso y, sobre todo, más alejado por estar a doble distancia de sí mismo a través de la mediación de la superficie reflectante. Pero tú, mirándote a ti mismo en el mismo espejo, ¿no te da la sensación de que te resultas a ti mismo más borroso y más distante que lo que le resultarías a cualquiera que te mire? Sin embargo, todos saben que lo que más halaga a tu pobre yo es la contemplación de este reflejo que, sin embargo, te aleja de ti mismo y te distorsiona abiertamente.

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Cuando me miro reflejado en los ojos de mi amada, la distancia desde la que me veo es el doble de la distancia con la que ella me ve.

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La gran lección del surrealismo es que la naturaleza es lo único sagrado que existe, y todo es sagrado. O más bien, que equivale a lo mismo, lo sagrado está contenido en la relación que el hombre mantiene con la naturaleza en tanto en cuanto deja de considerarla como una fuente de producción, como materia de explotación. Podríamos decir que en las sociedades de cazadores-recolectores, lo sagrado tenía a la naturaleza como su único recurso, precisamente porque en ningún momento se pensó en la naturaleza de esa manera. Comenzando con el Neolítico, cuando la naturaleza se consideraba por primera vez como un medio de producción, asistimos al desarrollo de la visión utilitaria de la naturaleza y, al mismo tiempo, a su separación de lo sagrado, de ahí la necesidad de representar lo sagrado en formas demiúrgicas humanas. Lo que hizo posible el surrealismo, y con la mayor fuerza posible, es una sacralidad sin Dios, una trascendencia concebida como un simple pliegue de inmanencia, ajena a toda religiosidad y a toda perpetuación de los rituales.

 

Traducción Vicente Gutiérrez Escudero

MANIFIESTO

Parte de mi ausencia (y paulatino abandono) de las redes sociales, y de mi vuelta al 2G. por ejemplo, tienen mucho que ver con este texto que he firmado junto con otros 300 activistas y militantes. Se te titula “La necesidad de luchar contra un mundo ‘virtual’. Contra la doctrina del shock digital” y ha sido escrito por Jorge Riechmann y Adrián Almazán.

Podéis leer en ctxt.es:

https://ctxt.es/es/20200501/Firmas/32143/riechmann-yayo-herrero-digitalizacion-coronavirus-teletrabajo-brecha-digital-covid-trazado-contactos.htm?fbclid=IwAR3GwrvUkNmnvSrfiL60hasnRxrjwNlYiDy3mi6ecb1vHnbTTH99LSxmB84

 

De todos modos subo aquí mismo el manifiesto:

La necesidad de luchar contra un mundo ‘virtual’. Contra la doctrina del shock digital
Jorge Riechmann / Adrián Almazán y 300 firmas más
3/05/2020

Mucha gente habla del «día después», de todo lo que hará falta hacer y conseguir después del coronavirus. Pero, más allá de las enfermedades y duelos personales, ¿en qué estado colectivo nos dejará todo esto? ¿En qué estado psicológico? ¿En qué Estado político? ¿Con qué hábitos relacionales? En este texto, iniciativa del colectivo francés Écran total y del Grupo de Investigación Transdisciplinar sobre Transiciones Socioecológicas (GinTRANS), se señala el riesgo de que una parte de los buenos propósitos para el día después estén siendo ya de facto neutralizados por la aceleración en curso de los procesos de informatización. Por ello, propone un boicot masivo y explícito a las diferentes aplicaciones móviles que, bajo la premisa de la lucha contra la covid-19, van a suponer la instalación efectiva de un seguimiento generalizado de la población. En el texto se muestra cómo este tipo de aplicaciones son el ejemplo paradigmático de nuestra fascinación ante la tecnología y nuestra dependencia total de ella. Fascinación y dependencia que garantizan la perpetuación del orden político existente, del experimento masivo con la salud de población, sin garantía sanitaria alguna, que implica el incesante aumento de las radiofrecuencias de microondas y de nuestra trayectoria de destrucción ecológica.

Desde la perspectiva sanitaria todavía seguimos sin entender muy bien qué está pasando, y resulta difícil saber con precisión hacia dónde nos dirigimos. Es probable que haga falta bastante tiempo para desentrañar todos los misterios de la epidemia de la covid-19. Es más, la incertidumbre que rodea su origen, su difusión y su letalidad seguirá siendo inescrutable hasta que deje de atacar a tantos países de manera simultánea. Por desgracia, nadie parece saber cuándo llegará esa anhelada paz. A partir de ahora, si queremos continuar adelante con nuestras vidas, no debemos ni sobrestimar ni subestimar a la epidemia en tanto tal.

En contraste con la incertidumbre anterior, lo que sí nos parece bastante claro es que esta crisis sanitaria puede suponer un punto de inflexión que dé lugar a la aparición y estabilización de un nuevo régimen social: un régimen basado en todavía más miedo y aislamiento, un régimen aún más desigual que ahogue toda libertad. Si hacemos el esfuerzo de lanzar este llamamiento es porque creemos que lo anterior sólo es una posibilidad y que se presentarán oportunidades de impedirlo. Pero mientras que las simples ciudadanas y ciudadanos como nosotros aquejamos fuertemente la fragilidad de nuestra existencia frente a la amenaza del virus y de un confinamiento prolongado, el orden político y económico en vigor, sin embargo, parece estremecerse y fortalecerse al mismo tiempo en mitad de este terremoto. Es decir, se nos presenta como frágil y, al mismo tiempo, extremadamente sólido en lo tocante a sus expresiones más «modernas», es decir, las más socialmente destructivas.

Sin duda a casi nadie se le escapa que los gobiernos de muchos países han aprovechado la situación actual para paralizar durante un tiempo indeterminado protestas que, en muchos casos, eran muy fuertes y llevaban activas meses. Pero lo que no resulta menos alarmante es cómo las medidas de distanciamiento social y el miedo al contacto con el otro que ha generado la epidemia se hallan en poderosa sintonía con las principales tendencias de la sociedad contemporánea. De hecho, dos de los fenómenos que la crisis sanitaria ha acelerado hacen plausible pensar en un posible tránsito a un nuevo régimen social sin contacto humano, o con el menor número posible de contactos y regulados por la burocracia: el aterrador aumento del poder de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) sobre nuestras vidas; y su corolario, los proyectos de seguimiento digital de la población amparados en la necesidad de limitar el número de contagios de covid-1.

“Quédate en casa”… usando Internet y sin cuestionar los riesgos para la salud de los dispositivos inalámbricos

Desde los primeros días del confinamiento estuvo claro que uno de los efectos sociales inmediatos de la pandemia, en España y en Francia, sería una profundización de nuestra dependencia de la informática y de los dispositivos inalámbricos (móvil, WiFi, Bluetooth, etc.) Y eso que, al ritmo al que iban las cosas, ¡parecía difícil que pudiera acelerar aún más! Sin embargo, el confinamiento obligatorio en los hogares ha hecho que, para muchos, las pantallas se hayan convertido en casi la única manera de mantener el contacto con el mundo: el comercio digital ha explotado, de hecho hasta la organización de redes locales de aprovisionamiento de verduras y productos frescos ha dependido en muchos casos de internet; el uso de videojuegos ha alcanzado niveles estratosféricos; las consultas de «telemedicina» han aumentado exponencialmente (pese a que lo único que ofrecen es una simple conversación telefónica); también la continuidad de la docencia reglada se ha hecho pasar por el ordenador, ignorando todas las voces médicas que recomiendan limitar la exposición de los niños a las pantallas y a las radiofrecuencias de microondas; y, por último, muchos miles de personas están teletrabajando –se acabó lo de «metro-curro-catre», la cosa se ha quedado en «de la cama al ordenata», «en la cama con la tablet» o «en el catre con el ordenata».

Por supuesto, los grandes medios de comunicación no encuentran nada preocupante en esta reducción masiva de todas las actividades humanas a una sola. Todo lo contrario, cuanto más dependa una iniciativa solidaria de una web, una plataforma virtual o un grupo de mensajería, más la aplauden. De hecho, animan a que cada cual acepte resignadamente que la única opción es tomar el aperitivo juntos pero solos, «por» Skype, y hasta han sido capaces de encontrar a creyentes deseosos de comulgar en Semana Santa a través de una pantalla.

Esta intensa campaña de promoción de la vida digital no produce, sin embargo, alarma alguna en el ámbito del pensamiento: nadie parece encontrar preocupante la informatización total del mundo y el aumento de la exposición continuada a las radiofrecuencias. A ambos lados de los Pirineos, periodistas, economistas y hombres de Estado nos instan a romper nuestra dependencia de la industria china en sectores como el médico o el textil. Pero su deseo de independencia nacional no suele llevarles a inquietarse por el hecho de que todo el sector de las TIC dependa de las minas y las fábricas asiáticas, muy a menudo de instalaciones industriales gigantescas cuya «relocalización» resulta difícil concebir. Se alzan otras voces que van más allá de la crítica a la globalización del comercio y reivindican un cambio profundo en «nuestro modelo de desarrollo». Sin embargo, lo más habitual es que pasen por alto el papel central de lo digital en dicho modelo y que, por tanto, no señalen que poco cambiará en materia de precariedad social y ecología si continuamos haciendo todo a través de internet y expuestos a los cada vez más insostenibles niveles de radiación de los dispositivos inalámbricos.

En lo que respecta al presidente Macron, sus intervenciones más recientes han hecho repetidamente referencia al Consejo Nacional de la Resistencia y su espíritu de compromiso social. Sin embargo, en la práctica su proyecto de hacer de Francia una start-up nation nunca se ha detenido. Por el contrario, ha experimentado un salto cualitativo. Algo similar podríamos decir del gobierno de coalición PSOE-Podemos. Sus reiteradas referencias a los Pactos de la Moncloa y al espíritu social de la Constitución no han impedido que el proyecto de digitalización de la sociedad, que desempeñó un papel central en el discurso de investidura de Pedro Sánchez, se mantenga intacto. Esta nueva era de trabajo virtual es la más propicia para rematar la ofensiva contra los y las trabajadoras asalariadas que se puso en marcha bastante antes de la llegada del coronavirus: destrucción masiva de puestos de trabajo por la aparición de nuevas aplicaciones, plataformas y robots; reducción del trabajo relacional, sustituido por respuestas automatizadas gobernadas por algoritmos; pérdida de sentido en el trabajo según éste va siendo progresivamente sustituido por absurdas rutinas burocráticas; aumento de la explotación y debilitamiento de la capacidad de resistencia de las y los trabajadores, que cada vez se encuentran más aislados.

De este modo, el confinamiento ha supuesto una oportunidad inigualable para dirigirse todavía más rápidamente al objetivo que, en Francia, marcaba al plan de Acción Pública 2022: sustituir todos los servicios públicos por portales online. Como ya se ha podido comprobar con el cierre de las ventanillas físicas en las estaciones de tren, esta digitalización acelera la privatización de los servicios públicos al transferir el trabajo antes presencial a plataformas comerciales caracterizadas por sus prácticas opacas y responsables de la creación masiva de perfiles usando los datos de los usuarios. Esta transformación supone, además, una exclusión violenta de los usuarios poco o nada conectados –hasta una quinta parte de la población, en la que se incluyen las personas mayores, las más vulnerables económicamente y las recalcitrantes. Tiende a obligar a sectores de la población en vías de empobrecimiento masivo a comprar en ocasiones tantos equipos informáticos «básicos» (PC, smartphone, impresora, escáner…) como miembros de la familia. Esta transformación, en suma, nos empuja hacia un mundo profundamente deshumanizado y kafkiano.

«La digitalización de todo lo que puede ser digitalizado es el medio del que se ha dotado el capitalismo del siglo XXI para poder seguir abaratando costes […]. Retrospectivamente, es posible que esta crisis sanitaria aparezca como un momento de aceleración de la virtualización del mundo, como el punto de inflexión de la transición desde el capitalismo industrial al capitalismo digital. Y, por tanto, de su corolario: el hundimiento de las promesas humanistas de la sociedad [de servicios]». Este análisis de sentido común no proviene de un enemigo acérrimo del neoliberalismo que expresara su rabia ante las decisiones tomadas en los últimos cuarenta años bajo la presión de los medios empresariales. Viene, en cambio, de un economista de centro-izquierda que forma parte del Consejo asesor del periódico Le Monde. Una declaración así basta para comprender que, si es cierto que se está desarrollado una «doctrina del shock», el centro de la misma está frente a nuestras narices: la intensificación de la digitalización de la vida cotidiana y económica.

Nos parece, por tanto, que resulta más que legítimo hablar de una doctrina del shock digital, en el sentido de que la crisis sanitaria ha sido la oportunidad perfecta para reforzar nuestra dependencia de las herramientas informáticas y desarrollar muchos proyectos económicos y políticos previamente existentes: docencia virtual, teletrabajo masivo, salud digital, Internet de las Cosas, robotización, supresión del dinero en metálico y sustitución por el dinero virtual, promoción del 5G, smart city… A esa lista se puede añadir los nuevos proyectos de seguimiento de los individuos haciendo uso de sus smartphones, que vendrían a sumarse a los ya existentes en ámbitos como la vigilancia policial, el marketing o las aplicaciones para ligar en internet. En conclusión, el peligro mayor al que nos enfrentamos no es que las cosas «se queden como estaban», sino que vayan a bastante peor.

¿Cuándo China despierta en nuestro interior?

Ya casi nadie duda de que la salida del confinamiento, o la “desescalada” paulatina, en muchos Estados europeos va a suponer la puesta en marcha de nuevos dispositivos de vigilancia a través de los smartphones. Si tenemos en cuenta que al miedo de enfermar se le suma ya el hastío y la imposibilidad económica de seguir confinados durante meses, lo anterior no puede ser considerado más que un enorme chantaje de los gobiernos al conjunto de la población.

Percibamos la dimensión del timo: en un contexto de grave penuria de instrumentos básicos en la lucha contra el contagio (carencia de suficientes mascarillas y batas en los hospitales, escasez de sanitarios y de camas y, para colmo, poquísimos test de detección disponibles), se nos ofrece en su lugar un invento de ciencia ficción: aplicaciones para la detección digital de la transmisión del coronavirus. Aunque sigue sin asegurarse un apoyo económico masivo y estructural a los hospitales públicos para que puedan hacer frente a una crisis que ha venido para quedarse, sin embargo no se duda en atravesar un nuevo Rubicón en el rastreo sistemático de los desplazamientos y las relaciones sociales, por ahora únicamente de aquellos que den su consentimiento explícito. Los resultados médicos de esta estrategia son más que dudosos, en cambio las consecuencias políticas no dejan lugar a dudas.

El hecho de saberse continuamente vigilado es fuente comprobada de conformismo y sumisión a la autoridad, incluso cuando no se vive en una dictadura. Desde el gobierno nos aseguran que los datos recogidos por las aplicaciones de seguimiento de las personas infectadas por la covid-19 serán primero anonimizados y posteriormente destruidos. Sin embargo, basta con leer la parte de las memorias de Edward Snowden donde éste habla de la vigilancia virtual para darse cuenta de que nadie puede garantizar algo así. Es más, un vistazo a la historia reciente de la tecnología muestra que los dispositivos liberticidas que se introducen en tiempo de crisis casi nunca desaparecen: si se extienden a gran escala, y bajo la égida del Estado, las aplicaciones de seguimiento se quedarán y será muy difícil impedir que se extiendan al conjunto de la población. Basta con pensar en la identificación a través del ADN, que en Francia se instaló a finales de los años 1990 como reacción frente a una serie de crímenes sexuales y de la que los ministros de la época afirmaban que siempre se mantendría limitada a criminales de alto nivel. Hoy en Francia cuando a uno lo arrestan por quedarse más de lo debido en una manifestación la identificación a través del ADN es casi automática. Es más, quizá bastaría con reflexionar sobre un punto básico: no tenemos la menor idea de cuánto durará este episodio pandémico en el que llevamos sumidos desde comienzos de marzo, ¿seis meses, tres años, más aún?

Sea como fuere, esta crisis ha venido atravesada por la idea de que para encontrar modelos realmente eficaces en la lucha contra el coronavirus es necesario dirigir la atención hacia Asia en general, y hacia China en particular. En Francia los medios de comunicación y los políticos hacen sobre todo referencia a Corea del Sur, Taiwán o Singapur, donde la hipermodernidad tecnológica no se asocia (con o sin razón) al despotismo político. En España, sin embargo, el estallido de la crisis sanitaria fue testigo de cómo algunos de los principales periódicos del país se preguntaban abiertamente si la «democracia» no era un lastre que condenaba a una lucha ineficaz contra el virus. Al mismo tiempo, algunos «camisas viejas» del liberalismo hacían expresa su admiración por el autoritarismo chino high tech y su efectividad: geolocalización de teléfonos móviles, sistemas de calificación social alimentados por los datos que los ciudadanos vuelcan constantemente en internet, reconocimiento facial, uso de drones teledirigidos para vigilar y sancionar a la población. Este cambio de mirada es uno de los elementos clave del cambio de rumbo que estamos quizá viviendo: durante décadas nos hemos acostumbrado a leer nuestro futuro con las lentes que nos ofrecían los cambios en la sociedad norteamericana. Hoy, de manera súbita, parece que es la China post-maoísta la que define nuestro destino, ella que ha sido capaz de hacer un uso sin complejos de las innovaciones de Sillicon Valley.

El crecimiento de la tecnología únicamente puede ser fuente de colapsos ecológicos y sanitarios

Por lo pronto la decisión de las autoridades políticas europeas de hacer un uso masivo de aplicaciones de seguimiento a través de smartphone como medida de control de la covid-19 no es más que una forma de bluff. Una suerte de medida de acompañamiento psicológico que tiene sobre todo como fin el dar la impresión de que se toman medidas, que los gobiernos son capaces de hacer algo, que tienen ideas para poner la situación bajo control. Sin embargo, en países como los nuestros o como Italia, es evidente que no controlan nada. Por el contrario, lo que vemos es que gobiernos de toda Europa se doblegan a las exigencias patronales de vuelta al trabajo y reactivación de la economía, lo que hace todavía más urgente sacarse de la chistera alguna aplicación mágica, la única medida con la que parecen contar para proteger a la gente.

De hecho, para lo que sirven dispositivos como la geolocalización digital es para garantizar el mantenimiento de una organización social patológica, pretendiendo al mismo tiempo limitar el impacto de la epidemia que actualmente sufrimos. El seguimiento del coronavirus tiene como objetivo preservar (por ahora) un tipo de mundo donde nos desplazamos demasiado, para nuestra salud y para la de la Tierra; donde trabajamos cada vez más lejos de casa, cruzándonos en el camino con miles de personas que no conocemos; donde consumimos los productos de un comercio mundial cuya escala excluye cualquier posibilidad de regulación moral. Lo que los promotores de la geolocalización buscan preservar no es, prioritariamente, ni nuestra salud ni nuestro «sistema de salud», sino la sociedad de masas. De hecho, una sociedad de masas aún más profunda, en el sentido en el que los individuos que la componen estarán todavía más aislados y encerrados sobre sí mismos por culpa del miedo y la tecnología.

Ahí donde la pandemia actual debería incitarnos a transformar radicalmente una sociedad en la que la urbanización desbocada, la contaminación del aire, la contaminación electromagnética y el exceso de movilidad pueden tener consecuencias incontrolables, sin embargo el desconfinamiento gestionado a través del big data amenaza con hacernos profundizar todavía más en ella. La emergencia de la covid-19, como las de otros virus desde el año 2000, está estrechamente vinculada para muchos investigadores con la desforestación. Ésta genera contactos imprevistos entre diversas especies animales y seres humanos. Otras investigaciones apuntan a la ganadería intensiva de concentración, saturada de antibióticos mutágenos. Decir que la respuesta a la covid-19 tiene que ser tecnológica, como leemos en muchísimos medios, es continuar con la huida hacia adelante de una lógica de dominio y control de la naturaleza ilusoria y, como muestra cada día la crisis ecológica, condenada al fracaso. El impacto de la industria de las TIC sobre los ecosistemas es ya insostenible: además de los riesgos para la salud de la población y los demás seres vivos, la industria de las TIC ha ha creado una auténtica fiebre de los metales que devasta algunas de las zonas mejor conservadas del planeta, se apoya sobre una industria química especialmente contaminante, engendra montañas de residuos y, debido a la multiplicación de los data center y al aumento permanente del tráfico en internet, obliga a las centrales eléctricas a funcionar a toda máquina. Éstas emiten ya una cantidad de gases de efecto invernadero equiparable a la asociada al tráfico aéreo.

Más aún, el modo de vida conectado, sobre todo en su aspecto inalámbrico, es globalmente nocivo para nuestra salud. Adicciones, dificultades relacionales y de aprendizaje entre los más pequeños, pero también electrosensibilidad: se estima que 1.500.000 personas (3% de la población), el 90% mujeres, padecen en España enfermedades de sensibilización central (fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, sensibilidad química múltiple y sensibilidad electromagnética). Además, cada vez más investigaciones identifican estas enfermedades emergentes como enfermedades neurológicas producidas por estrés oxidativo celular relacionado con factores ambientales (productos químicos y ondas electromagnéticas). Unas cifras que invitan a poner en marcha investigaciones profundas para comprender cómo aparecen y actúan. A lo anterior hay que sumarle la posibilidad, contemplada por la OMS, de que las ondas electromagnéticas artificiales sean cancerígenas. Ante las evidencias de los vínculos establecidos entre tumores de corazón en ratas y ondas 2G/3G por el National Toxicology Program de los EEUU en 2018, la ausencia de un consenso científico total, sólo ha servido para liberar de su responsabilidad a la industria de la telefonía móvil que, acogiéndose a la incertidumbre, justifica una huida hacia adelante sin aplicar nunca el principio de precaución.

Por último, en la primera línea de la doctrina del shock desplegada por los gobiernos, se encuentra la simplificación de la instalación de antenas de retransmisión, contra las que muchos vecinos y asociaciones vienen luchando (alegando sus posibles efectos sobre la salud). En Francia, la Ley de urgencia del 25 de marzo de 2020 permite la instalación de antenas sin aprobación de la Agencia Nacional de Radiofrecuencias. Al mismo tiempo, la explosión del uso de internet ligada al confinamiento justifica en muchos lugares, sobre todo en Italia, continuar el desarrollo de la red 5G. En España, aunque vivimos un parón momentáneo, todo apunta a que el proyecto se retomará con nuevo ímpetu al final de este mismo año. Mientras que investigadoras, científicos, ciudadanas y ciudadanos del mundo entero llevan años oponiéndose a esta innovación, la prensa corre un velo sobre esta inquietud recubriéndola de noticias sobre una cuestionable vinculación entre la extensión de la covid-19 y las ondas del 5G. Las GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) han llegado incluso a eliminar gran cantidad de publicaciones virtuales que llamaban la atención sobre los efectos de esta nueva etapa de intensificación de los campos electromagnéticos artificiales. Sin embargo, esas inquietudes son perfectamente legítimas: por un lado, porque desplegar una fuente de contaminación electromagnética que va a multiplicar por dos todas las fuentes ya existentes sin conocer a ciencia cierta sus efectos es una aberración desde el punto de vista del principio de precaución. Por otro, porque un peligro absolutamente comprobado del 5G es que está destinado a servir de base para la extensión de los objetos interconectados, los coches automáticos y, en general, una sociedad hiperconsumista cuyos efectos sociales, sanitarios y ecológicos son insostenibles.

Frenar la escalada

Si quisiéramos resumir la situación podríamos decir que los tecnócratas de todo el mundo pretenden protegernos del coronavirus hoy acelerando un sistema de producción que ya compromete nuestra supervivencia en el futuro presente. Es absurdo, además de estar destinado al fracaso.

Lo que hace falta no son tecnologías que nos hagan más irresponsables, decidiendo por nosotros dónde podemos ir y qué podemos hacer. Lo que necesitamos es ejercer nuestra responsabilidad personal y colectiva para luchar contra las flaquezas y el cinismo de los dirigentes. Necesitamos construir desde la base, y con ayuda de epidemiólogos, médicos y sanitarios, reglas de prudencia colectiva razonables y sostenibles a largo plazo. Y para que estas inevitables restricciones tengan sentido, no sólo necesitamos saber en tiempo real el estado de las urgencias. Necesitamos una reflexión colectiva y consecuente sobre nuestra salud, sobre los medios necesarios para protegernos de las muchas patologías ligadas a nuestra forma de vivir: los futuros virus, pero también los factores de «co-morbilidad» como el asma, la obesidad, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y, por supuesto, el cáncer.

Lo que esta crisis saca de nuevo a la luz es el problema de la dependencia de un sistema de aprovisionamiento industrial que saquea el mundo y debilita nuestra capacidad de oponernos de manera material y concreta a las injusticias sociales. Desde nuestro punto de vista, el único modo de garantizar nuestra capacidad de alimentarnos, cuidarnos y cubrir nuestras necesidades básicas en las crisis que están por venir es hacemos colectivamente cargo de nuestras necesidades materiales, desde la base y en alianza con muchos de los y las profesionales hoy responsables de dichas tareas. Y para ello resulta imprescindible comprender que la informatización se opone frontalmente a esa necesaria construcción de autonomía: la digitalización se ha convertido en la piedra angular de las grandes industrias, de las burocracias estatales, y en general de todos los procesos de administración de nuestras vidas que se rigen por las leyes del beneficio y el poder.

Se ha vuelto habitual escuchar que en algún punto de esta crisis será necesario pedir cuentas a los dirigentes. Y, como es habitual, no faltarán las reclamaciones en materia de dotación presupuestaria, de abuso patronal y bancario o de redistribución económica. Sin embargo, junto a estas indispensables reivindicaciones, tienen que venir otras que o partan de nosotros mismos o se obtengan mediante la lucha contra quienes hoy están tomando las decisiones. Al menos si queremos poder conservar nuestra libertad, es decir, si queremos conservar la posibilidad de combatir contra las lógicas de la competencia y la rentabilidad, y construir un mundo donde el miedo al otro y la atomización de la población no se instalen de manera indefinida.

1. Durante las últimas semanas se ha hecho habitual que muchas personas dejen sus smartphones en casa cuando salen. Llamamos a la generalización de este tipo de gestos y al boicot de las aplicaciones públicas y privadas de seguimiento digital. Más allá de lo anterior, invitamos a todas y todos a reflexionar profundamente sobre la posibilidad de abandonar su teléfono inteligente y reducir en gran medida su uso de la tecnología inalámbrica. Volvamos, por fin a la realidad.

2. Llamamos a la población a informarse sobre las consecuencias económicas, ecológicas y sanitarias del despliegue de la red 5G y a oponerse activamente al mismo. Más aún, invitamos a todas y todos a informarse sobre las antenas de telefonía móvil que ya existen cerca de su casa y a oponerse a la instalación de nuevas antenas transmisoras.

3. Llamamos a una toma de conciencia de los problemas asociado a la digitalización en curso de todos los servicios públicos. Uno de los desafíos en el periodo post-confinamiento (¿o en los periodos entre confinamientos?) será lograr que la atención presencial siga disponible, o vuelva a estarlo, en ciudades y pueblos, en estaciones de tren, en la Seguridad social, en las administraciones locales, etc. Merecería la pena luchar por la defensa del servicio postal (esencial, por ejemplo, para la circulación de ideas más allá del mundo virtual) y la conservación de un servicio de teléfono fijo que funcione bien y sea independiente de la contratación de internet.

4. Otra batalla crucial para el futuro de la sociedad es el rechazo de la escuela digital e inalámbrica. La crisis que estamos atravesando se ha aprovechado para normalizar la educación a distancia a través de internet, y sólo una reacción contundente de profesores y familias podrá impedir que se instale definitivamente. Pese a que la escuela es susceptible de críticas desde muchos puntos de vista diferentes, estamos convencidos de que estas últimas semanas se habrá hecho evidente para muchos que sigue teniendo sentido aprender juntas y que es muy valioso para los más pequeños estar en contacto con maestros y maestras de carne y hueso.

5. La economía no está ni ha estado nunca paralizada, por lo que tampoco deberían estarlo los conflictos sociales. Apoyamos a todas las personas que han sentido su integridad en riesgo, desde un punto de vista sanitario, en su puesto de trabajo habitual o durante sus desplazamientos. Sin embargo, queremos también llamar la atención sobre los abusos y el sufrimiento que acompañan al marco del teletrabajo a domicilio. Algunos llevamos años denunciando la informatización del trabajo, y nos parece evidente que la extensión del teletrabajo forzado es un proceso al que tenemos que oponernos a través de nuevas formas de lucha y boicot.

6. Es muy probable que, desde el punto de vista económico, los meses siguientes puedan ser terribles. Es posible que vivamos un empobrecimiento masivo de la ciudadanía, al igual que no deberíamos descartar colapsos bancarios y monetarios. Frente a estos peligros, es necesario que pensemos en cómo vamos a comer y cómo vamos a cultivar las tierras que nos rodean, cómo nos vamos a integrar en las redes de aprovisionamiento de proximidad y, sobre todo, en cómo extender lo anterior para que esté al alcance de la mayoría de la población. De igual modo deben ser cuestiones prioritarias el garantizar la supervivencia de las y los agricultores que producen comida sana cerca de donde vivimos y el apoyo a todos los nuevos que decidan instalarse. Lo que hemos dicho anteriormente explica por qué creemos que recurrir a la alta tecnología no puede en ningún caso ser una solución humana y perenne.

7. Por último, todo apunta a que en los próximos meses nos va a tocar defender maneras de poder encontrarnos físicamente, inventar o retomar espacios de discusión pública en estos tiempos difíciles en los que se darán muchas batallas decisivas. Sin duda, todo lo anterior tendrá que hacerse con la idea en mente de minimizar los riesgos de contagio. Pero la vida digital no puede ser un sustituto permanente de la vida real, y los sucedáneos de debate que hoy se realizan por internet no podrán nunca reemplazar la presencia en carne y hueso y el diálogo de viva voz. Cada cual debe reflexionar desde este momento sobre el modo de defender el derecho de reunión (reuniones de vecinos, asambleas populares, manifestaciones), sin el cual los derechos políticos son imposibles y sin el cual es imposible construir una posición de fuerza, imprescindible para dar existencia a cualquier tipo de lucha.

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Notas

1. Extracto de la entrevista a Daniel Cohen en Le Monde del 3 de abril de 2020. Que lo citemos aquí no implica en ningún caso que estemos en sintonía con el tipo de categorías que Cohen utiliza: en realidad lo digital no es más que una profundización del carácter industrial del capitalismo, y la sociedad post-industrial de la que él habla simplemente no existe.

2. Referencia a la fórmula y la obra de Naomi Klein, La doctrina del shock, que se tradujo en España en el año 2007 y fue publicada por la editorial Paidós. En el libro este término se ejemplificaba con las oportunidades que el huracán Katrina, que impactó Luisiana en 2005, ofreció a las clases empresariales norteamericanas.

3. Para profundizar en esta cuestión, acúdase al capítulo 2 de la traducción del libro del Grupo MARCUSE La libertad en coma: contra la informatización del mundo, Madrid 2019, Ediciones El Salmón.

4. Edward Snowden, Vigilancia permanente, Madrid 2019, Planeta. Siendo más precisos, en lo que Snowden insiste es en la imposibilidad de hacer desaparecer por completo los datos que se registran. En lo relativo a la imposibilidad de anonimizar, recoomendamos el análisis de Luc Rocher que se reseña en el artículo «No existe el anonimato, gracias a tus datos pueden rastrearte y encontrarte», publicado el 31 de julio de 2019 en el periódico ABC.

5. Recomendamos revisar el análisis a ese respecto que ha realizado la asociación La Quadrature du Net, publicado en su página web el 14 de abril, que entre otras cosas llama la atención sobre la poca fiabilidad de la tecnología Bluetooth, su escasa precisión a la hora de indicar contactos entre personas diagnosticadas como «positivas», en particular en zonas muy pobladas, y la dificultad de activarla o utilizarla para mucha gente.

6. Ver los estudios de Alfonso Balmori.

7. Se puede revisar, entre otros materiales, la síntesis de Cécile Diguet y Fanny Lopez, L’impact spatial et énergétique des data centers sur les territoires, disponible en www.ademe.fr

Firmado por los siguientes colectivos y personas:

Anticapitalistas (confederal)

Redacción de la revista L’Âge de faire (Alpes de Haute-Provence)

Association Résistance 5G Nantes

Blog “El Rumor de las Multitudes”, periódico El Salto

Calumnia, espai cultural

Centro de Documentación Crítica

Colectivos de Vallon, de Saint-Affrique, del Sur-Oeste y de Millau (colectivos de difusión sobre los objetos conectados y los campos electromagnéticos artificiales)

Disciplina Social

Fabricants de Futur – sin bandera sin frontera

Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM)

Grupo de Decrecimiento «hasta aquí hemos llegado»

Grupo de Investigación Transdisciplinar sobre Transiciones Socioecológicas (GinTRANS2)

Grupo Surrealista de Madrid (Andrés Devesa, Eugenio Castro, Javier Gálvez, Jesús García Rodríguez, Vicente Gutiérrez Escudero, Lurdes Martínez, Noé Ortega Quijano, Antonio Ramírez, Jose Manuel Rojo, María Santana, Ángel Zapata)

Halte au contrôle numérique

Instituto Resiliencia, entidad integrante del Centro de Saberes para a Sustentabilidade, Ames (Galicia)

La Ortiga Colectiva

Les Décâblés

Redacción de la revista CTXT

Redacción de la revista Viento Sur

Robin des toits, asociación nacional por la seguridad sanitaria en las tecnologías inalámbricas.

Solidaritat i Comunicació, SICOM

Walter ACTIS, sociólogo, miembro de Ecologistas en Acción (Madrid)

José ALBELDA, doctor en Bellas Artes, Profesor de Universidad, (Valencia)

Adrian ALMAZÁN-GÓMEZ, doctor en Filosofía, coordinador del grupo de trabajo sobre digitalización, informatización, TIC, CEM y 5G de Ecologistas en Acción y miembro del Grupo de Investigación Transdisciplinar sobre Transiciones Socioecológicas (GinTRANS2)

Mònica ALCALÁ-LORENTE: doctoranda en historia de la ciencia en CEHIC-UAB y docente de la Facultat de Medicina de la UAB. Activista en Ecologistes en Acció

Juanjo ÁLVAREZ, militante ecosocialista

Santiago ÁLVAREZ CANTALAPIEDRA, director de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, miembro de GinTRANS2

Matthieu AMIECH, Écran total (Tarn), co-autor de La libertad en coma, miembro del grupo Marcuse

Artur APARICI CASTILLO, profesor jubilado, miembro del Fòrum de la Nova Ruralitat

Camille APRUZZESE, ortofonista (Loire)

Gabriel ARANZUEQUE, profesor de Filosofía (UAM), editor de Ontología de la distancia. Filosofías de la comunicación en la era telemática, coordinador del grupo de investigación “Genealogías del pensamiento contemporáneo”

Antonio ARETXABALA, investigador en la Universidad de Zaragoza, divulgador científico

Asier ARIAS, doctor en Filosofía y miembro de Ecologistas en Acción

Nazanin ARMANIAN, ensayista, traductora y periodista

Fernando ARRIBAS HERGUEDAS, doctor en Filosofía y profesor universitario (URJC, Madrid)

Maurice AUBRY, jubilado, Écran total (Manche)

Martine AUZOU, profesor jubilado, Écran Total (Rhône)

Joseba AZKARRAGA, profesor e investigador en la Universidad del País Vasco

Paco BAILO LAMPÉREZ, profesor jubilado (Zaragoza)

Iñaki BÁRCENA-HINOJAL, profesor de Ciencia Política (UPV-EHU) y miembro de Ekologistak Martxan

Michèle BECKER, jubilado (Pyrénées-Atlantiques)

Maryse BELICARD, Saint-Jean-de-Luz (Pays basque)

Julien BELLANGER, association Ping (Nantes)

Fernando BELTRÁN, poeta

Joan BENACH, profesor universitario e investigador (Departamento Ciencias Políticas y Sociales UPF; JHU-UPF Public Policy Center)

Nicolas BERARD, periodista, autor de Sexy, Linky? y 5G mon amour

Rodrigo BERCOVITZ RODRÍGUEZ-CANO, profesor de Derecho civil (jubilado) y abogado en activo

Aurélien BERLAN, Écran total (Tarn), co-autor de La libertad en coma, miembro del grupo Marcuse

Esteban BERNATAS CHASSAIGNE, productor audiovisual (en reconversión post-petróleo)

Clémentine BERMOND, fabricante de muebles (Paris 11è)

Jean-Claude BESSON-GIRARD, pintor (Rhône)

Cédric BIAGINI, editor (L’Echappée, Paris), autor de L’Emprise numérique

Paca BLANCO, activista de Ecologistas en Acción y de Anticapitalistas, miembro de la Red de mujeres por un nuevo modelo energético

Encarna BODELÓN, profesora Titular de Filosofía del derecho (Universitat Autònoma de Barcelona)

Christophe BONNEUIL, historiador (Drôme)

Frédéric BOONE, astrofísico (Toulouse), Atelier d’écologie politique (Atecopol)

Eva BOTELLA ORDINAS, profesora de historia moderna (UAM), coordinadora del proyecto de investigación POSTORY

Amelia BURKE, directora Fabricants de Futur – sin bandera sin frontera

Josep CABAYOL, periodista y presidente de la ONG Solidaritat i Comunicació, SICOM

Beatriz CALVO, periodista, directora de Ariadna TV, coautora de Contemplación de la naturaleza. Implicaciones éticas

Antonio CAMACHO PALENCIA, físico y profesor jubilado, activista en el movimiento ecologista

Antonio CAMPILLO, profesor de filosofía (Universidad de Murcia), sociólogo y escritor, miembro de Ecologistas en Acción

Gonzalo del CAMPO ANTOLÍN, profesor de Historia jubilado (Aínsa, Huesca)

Guillaume CARBOU, investigador en ciencias de la información y de la comunicación en Bordeaux

Óscar CARPINTERO, profesor de Economía aplicada (Universidad de Valladolid), miembro del grupo de investigación GEEDS

Joan CARRERA; médico, profesor de ética en la Facultat de Teologia de Catalunya, colaborador del Institut Borja de Bioética

Claude CARREY, trabajador social jubilado, Écran total (Manche)

Jesús CARRILLO, profesor de Historia del Arte en la UAM, miembro del Institute of Radical Imagination y del proyecto POSTORY

Miguel CASADO, poeta, crítico y traductor

Ignacio CASADO CASCO, Profesor de Geografía e Historia (Las Palmas de Gran Canaria)

Manuel CASAL LODEIRO, informático, consultor de proyectos en internet, activista y coordinador de la revista 15/15\15

Xavi CASANOVAS, matemático, director del Centre d’Estudis Cristianisme i Justícia

Carlos de CASTRO, profesor de Física y de Historia de la tecnología y de la ciencia (Universidad de Valladolid)

Eugenio CASTRO, miembro del Grupo Surrealista de Madrid

Roger CHAMBARD, sindicalista CNT 71 (Saône-et-Loire)

Antonia CILLA, traductora de italiano y portugués

Fabrice CLERC, co-gestor y co-fundador de la cooperativa L’Atelier paysan

Salvador COBO MARCOS, editor de Ed. El Salmón y la revista Cul de Sac

Jean-Luc COEDIC, jubilado, Écran total (Saône-et-Loire)

Mickaël CORIAT, astrofísico (Toulouse), Atecopol

Pablo CORRAL, investigador-docente en Historia hispánica y ambiental en La Réunion, autor de Protesta y ciudadanía, miembro del grupo STAND (Universidad de Granada)

Inés M. CORRALIZA, profesora de Bioquímica (Universidad de Extremadura)

Antoine COSTA, documentarista (Grenoble), co-producto del documental Mouton 2.0, la puce à l’oreille

Brigitte COSTY, pintora, simpatizante de Écran total en Lyon

Fabrice COULOMB, investigador-docente de sociología en la Universidad  de Evry

Manuel CRESPO

Maguelone CROS, enfermero psiquiátrico, Écran total (Hérault)

Bernard DAUVERGNE, jubilado, Écran total (Saône-et-Loire)

Paula DAZA NAVARRO, profesora e investigadora (Departamento de biología celular de la Universidad de Sevilla)

Carmen DELGADO ÁLVAREZ, psicóloga, profesora investigadora de la UPSA (Salamanca), miembro del Foro de Política Feminista

Federico DEMARIA, profesor de Economía ecológica y ecología politica, co-autor de Decrecimiento y Pluriverso, miembro de Research & Degrowth

Raphaël DESCHAMPS, Écran total (Jura), revista L’Inventaire

Andrés DEVESA, miembro del Grupo Surrealista de Madrid

Rafael DÍAZ-SALAZAR, profesor de Sociología y Relaciones internacionales en la Universidad Complutense de Madrid, miembro de Amnistía Internacional

Ángeles DÍEZ RODRÍGUEZ, doctora en CC. Políticas y sociología, profesora universitaria (UCM), miembro del Frente Antiimperialista Internacionalista

Daniel DÍAZ RODRÍGUEZ, profesor de Secundaria en Las Palmas de Gran Canaria

Jordi DOCE, poeta, crítico y traductor, coordinador de la colección de poesía de la editorial Galaxia Gutenberg

Gustavo DUCH GUILLOT, escritor, miembro de la cooperativa El Pa Sencer, redactor de la revista Soberanía alimentaria

Josu EGIREUN, miembro de la redacción de Viento Sur

Ángeles ESPADAS, socióloga, profesora de la Universidad de Jaén y miembro de la Red CIMAS

Michela DI CARLO, grupo Faut pas pucer (Tarn)

Concepcion ELEJABEITIA, una más

Odei ETXEBERRI BIMBOIRE

Enrique FALCÓN, poeta

Régis FAUCHEUR, profesor en la Drôme, Appel de Beauchastel y Écran Total

Nathalie FERNANDEZ, ganadera en el Tarn, grupo Faut pas pucer

Jose Luis FERNÁNDEZ CASADEVANTE, sociólogo, miembro del Foro Transiciones y de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM)

Gaëtan FLOCCO, investigador-docente de sociología en la Universidad de Evry

Sabela FONDEVILA, investigadora-docente en Psicología (UCM)

Juanjo FRAILE CONDE, de San Esteban de la Sierra, Salamanca

Heike FREIRE, pedagoga y escritora

José Luis GALLERO, poeta y documentalista, miembro de Árdora Ediciones

Javier GÁLVEZ, miembro del Grupo Surrealista de Madrid

Ariadna G. GARCÍA, profesora de Enseñanza secundaria y escritora

Ernest GARCIA, sociólogo, profesor emérito de la Universitat de València

Renaud GARCIA, profesor de filosofía de Bachillerato en Marseille, Appel de Beauchastel (profesores contra la digitalización de la escuela) y Écran total

Miguel Ángel GARCÍA CALAVIA, profesor universitario (Universitat de València).

Alicia GARCÍA RUIZ, filósofa, profesora de Filosofía y Teoría política (UC3M)

Jesús GARCÍA RODRIGUEZ, miembro del Grupo Surrealista de Madrid

Olvido GARCÍA-VALDÉS, poeta

Manuel GARI RAMOS, economista ecosocialista, militante de Anticapitalistas, miembro del Consejo de la revista Viento Sur y del Foro de Transiciones

Diego S. GARROCHO, profesor universitario de Ética y Filosofía política (UAM)

Marie GHIS MALFILATRE, investigadora en sociología en torno a los desafíos de la salud en el trabajo (Grenoble)

Toni GINER GOMIS, profesor universitario (Facultad de Educación de la Universidad de Alicante)

María GÓMEZ GARRIDO, profesora de la Universitat de les Illes Balears

María Teresa GONZÁLEZ, jubilada (Profesora de Educación Secundaria )

Gustavo GONZÁLEZ CALVO, profesor e investigador de la Universidad de Valladolid

Luis GONZÁLEZ REYES, doctor en Ciencias químicas, miembro de Ecologistas en Acción

Florent GOUGET, Appel de Beauchastel y Écran total (Loire), revista L’Inventaire

Patrice GOYAUD, miembro del CA de Robin des toits (Tarn)

Juan Carlos GRACIA, actor, miembro de Ecologistas en Acción/ Ecofontaner@s de Zaragoza y del Colectivo Patatús

Adeline GRAND-CLEMENT, investigadora-docente en historia antigua (Toulouse 2)

Marielle GRISARD, movimiento de los chalecos amarillos, Val de Saône

Ruth GUAJARDO, profesora de Enseñanza secundaria y traductora

Sarah GUILLET, Écran total (Loire), revista L’Inventaire

Vicente GUTIÉRREZ ESCUDERO, miembro del Grupo Surrealista de Madrid

Mélanie GUYONVARCH, investigadora-docente en socilogía en la Universidad de Evry

Júlio HENRIQUES, traductor, editor de la revista Flauta de Luz

Sonia HERRERA SANCHEZ, doctora en Comunicación audiovisual y publicidad, investigadora independiente, activista feminista y responsable del área social de Cristianisme i Justícia

Marta HERRERO, miembro del grupo de trabajo sobre digitalización, informatización, TIC, CEM y 5G de Ecologistas en Acción

Yayo HERRERO, antropóloga, educadora social, investigadora y activista ecofeminista, miembro de Ecologistas en Acción y del Foro Transiciones

Philippe HERVE, investigador del CNRS en ecología teórica y experimental (Ariège), Atecopol

Jean-Michel HUPE, investigador del CNRS en neurociencia y ecología política en Toulouse, Atecopol

Jesús HIDALGO ÁLVAREZ, investigador, periodista y escritor, portavoz/vocero de la Asamblea Mundial del Pueblo Libre

Pascale HUSTACHE, consejero principal de educación en el Loire

Célia IZOARD, periodista (Tarn), co-autor de La libertad en coma, miembro del grupo Marcuse

Antonio IZQUIERDO ESCRIBANO, profesor de sociología (Universidad de Coruña)

María C. JAIZME-VEGA, investigadora en microbiología del suelo. (Tenerife), miembro de la Cátedra de Agroecología (ULL) y de la Multiversidad de Agroecologia, Biodiversidad y Culturas

Miguel JARA, periodista especializado en salud y ecología

François JARRIGE, historiador en la Universidad de Bourgogne

José JIMÉNEZ, filósofo, profesor de Estética y Teoría de las artes (UAM), autor de Crítica del mundo imagen

María LAÍN, investigadora sobre movimientos ecologistas juveniles y desarrollo (Universidad Comillas), miembro de Fridays for Future y Extinction Rebellion

Julia LAINAE, estudiante en Lyon, co-autora de Contre l’alternumérisme

Eva LAINSA, profesora universitaria (Departamento de Educación Artística de la Universidad de Sevilla)

Sandrine LARIZZA, técnico de la seguridad social, colectivo Info Linky 5G Sud Ouest lyonnais

Laurent LARMET, agricultor en Ariège, grupo Faut pas pucer

Maxime LEBEQUE, Écran total (Loire), revista L’Inventaire

Mathias LEFEVRE, revista Ecologie & politique

Jorge LEÓN CASERO, Profesor Asociado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza

Julien LEPY, técnico de mantenimiento en la Saône-et-Loire, Écran total

Stéphane LHOMME, consejero municipal en Gironde, animador de la web refus.linky.gazpar

Pilar Lucia LÓPEZ, pedagoga

Salvador LÓPEZ ARNAL, profesor jubilado, coautor de Contra la (sin)razón nuclear, colaborador de la revista El Viejo Topo

Pedro LÓPEZ LÓPEZ, profesor universitario (Universidad Complutense de Madrid), miembro de la Asociación Pro Derechos Humanos de España

Aurora LUQUE, poeta, traductora, profesora de griego clásico

Jacques LUZI, investigador-docente en economía (Bretagne), revista Écologie & politique

Maria Grazai MACCHIA, Librero en Madrid Enclave de libros

Carmen MADORRÁN AYERRA, profesora e investigadora (Departamento de Filosofía de la UAM), miembro de Foro Transiciones

Chantal MAILLARD, profesora titular de Filosofía jubilada (Universidad de Málaga), escritora

Juan MAINER BAQUÉ, historiador y miembro de la Federación Icaria (Fedicaria)

Pino MAIO, Librero en Madrid Enclave de libros

Jordi MAÍZ, profesor y editor

Nicolas MANES, responsable de la oficina de estudios de l’Ain

Vicente MANZANO-ARRONDO, profesor universitario de Psicología (Universidad de Sevilla) y miembro del colectivo Universidad y Compromiso Social

Carolina MÁRQUEZ GUERRERO, profesora universitaria (Universidad de Sevilla)

José Luis MARTIN, miembro de SOS EHS-EASC (ElectroHiperSensibilidad-Enfermedades Ambientales de Sensibilización Central)

Manuel MARTÍN HERRERO, ecologista

M. Engracia MARTÍN VALDUNCIEL, profesora universitaria (Universidad de Zaragoza), miembro del Colectivo Fedicaria

Lurdes MARTÍNEZ, miembro del Grupo Surrealista de Madrid

Angel MARTÍNEZ GLZ.-TABLAS, profesor jubilado de Economía (UCM), miembro de la Asociación de Economía Crítica y del Foro de Transiciones, autor de Economía política mundial

Alberto MATARÁN RUIZ, profesor de Urbanismo y ordenación del territorio (Universidad de Granada), miembro del grupo de investigación STAND-UGR

Julien MATTERN, investigador-docente en sociología en Pau, co-autor de La libertad en coma, miembro del grupo Marcuse

Karine MAUVILLY, periodista (Savoie), co-autora de Désastre de l’école numérique

Margarita MEDIAVILLA, profesora de la Universidad de Valladolid, miembro del grupo de investigación en Energía, Economía y Dinámica de Sistemas (GEEDS-UVA)

Pepe MEJÍA, periodista, activista social, miembro de Anticapitalistas, miembro del Consejo de Redacción de Lucha Indígena y corresponsal en Europa

Juan Carlos MESTRE, poeta

Pierre MESTRE, ganadero en el Tarn, grupo Faut pas pucer

Renaud MIAILHE, ciudadano

Annette MILLET, profesora (Loire)

Jordi MIR GARCIA, profesor universitario de Filosofía moral y política (UPF y UAB)

Natalia MOLINA, artista y docente en educación artística (Madrid)

María MONTESINO, socióloga y productora agroecológica. Forma parte de La Ortiga Colectiva

Julio MONTEVERDE

Charo MORÁN, bióloga y educadora ambiental, socia trabajadora de la cooperativa Garúa y activista en Ecologistas en Acción

Agustín MORENO, profesor de instituto y militante de Ecologistas en Acción

David MORIENTE, profesor de Historia y Teoría del arte (UAM), responsable de Comunicación y Promoción del Grado

Carmen MOZO GONZÁLEZ, profesora  de Antropología social (Universidad de Sevilla)

Angel MTZ  GLZ-TABLAS, catedrático de Economía en la UCM (jubilado), miembro de la Asociación de Economía Crítica y del Foro de Transiciones, autor de Economía Política Mundial (2 tomos)

F. Javier MURILLO, director de la Cátedra UNESCO en Educación para la Justicia Social de la UAM

Iván MURRAY, profesor de geografía en la Universitat de les Illes Balears (Mallorca)

Luis NAVARRO, promotor de Industrias Mikuerpo, editor de Literatura Gris

Javier NAVASCUÉS, ingeniero de Telecomunicaciones jubilado, portavoz del colectivo ecologista Rivas Aire Limpio

Sarah NECHTSCHEIN, investigadora en sociología en Pau

Jaime NIETO, investigador en Economía (Universidad de Valladolid), miembro del grupo de investigación GEEDS

Antonio ORIHUELA, profesor, poeta

Noé ORTEGA QUIJANO, miembro del Grupo Surrealista de Madrid

Jaime PASTOR, politólogo, editor de la revista Viento Sur

María PAZOS MORÁN, investigadora sobre economía feminista

Pedro PAZOS MORÁN, Ingeniero Industrial y campesino

Samuel PELRAS, profesor de filosofía (Lyon)

Carlos PEREDA, sociólogo, Invisibles de Tetuán

Quentin PEREZ, resistente al totalitarismo tecnológico en l’Ain

María Isabel PÉREZ MIRÓN

Marielle PERRY, médico, Écran total (Lyon)

Céline PESSIS, historiadora (Drôme)

Jordi PIGEM, filósofo, escritor y objetor de móvil, autor de Ángeles o robots: la interioridad humana en la sociedad hipertecnológica

Virginia PINEDA OGALLA, ilustradora, diseñadora gráfica y arteterapeuta

Jesús PINTO FREYRE, doctorando del Departamento de Filosofía de la UAM y miembro del colectivo Lapicero Blanco

Sara PLAZA escritora y traductora

José Luis PORCUNA, agroecólogo en Tenerife, miembro de la Cátedra de Agroecología (ULL) y de la Multiversidad de Agroecología, Biodiversidad y Culturas

Pedro PRIETO, jubilado y granjero aficionado, miembro del colectivo Crisis Energética, ex vicepresidente de la División de Radiocomunicaciones de Alcatel

Paco PUCHE, librero jubilado, autor de varios libros sobre la cosmovisión de Lynn Margulis

Ferran PUIG VILAR, ingeniero y divulgador científico

Antonio RAMÍREZ, miembro del Grupo Surrealista de Madrid

Alexis REMINI, enfermero psiquiátrico, Écran total (Paris)

Marie-Laure REBREYEND, jubilado, Écran total (Saône-et-Loire)

Rosa REGÀS, escritora

Rocio DEL REY, profesora (Mallorca)

Jorge RIECHMANN, profesor universitario (Departamento de Filosofía de la UAM) y escritor, miembro de Ecologistas en Acción

Iván de los RÍOS GUTIÉRREZ, profesor de Filosofía (UAM)

Marcos RIVERO CUADRADO, miembro de La Transicionera

David Eloy RODRÍGUEZ, poeta

Virginia RODRÍGUEZ, editora literaria, profesora de edición en la UAM (Universidad Autónoma de Madrid)

María Eugenia RODRÍGUEZ PALOP, profesora de filosofía del derecho (Universidad
Carlos III de Madrid), eurodiputada por Unidas Podemos

José Manuel RODRÍGUEZ VICTORIANO, investigador-docente en sociología de la Universitat de València y director de la Estructura de Investigación Interdisciplinar (ERI) de Sostenibilidad

Tomás RODRÍGUEZ VILLASANTE, activista de Comunidades en Transición y profesor honorífico (UCM)

José Manuel ROJO, miembro del Grupo Surrealista de Madrid

Ana ROMERO, profesora, investigadora, editora y periodista especializa en nuevas tecnologías, transformación digital y cultura asiática

Mª del Mar ROSA, investigadora predoctoral en Filosofía (UM), miembro de EQSDS, Ecologistas en Acción Región de Murcia, AMUCCEM

Federico RUIZ, miembro de Ecologistas en Acción

Irune RUIZ, socióloga, psicóloga, miembro de SOS EHS-EASC (Electrohipersensibilidad – Enfermedades Ambientales de Sensibilización Central)  y de Sagarrak – Ekologistak Martxan

Carlos RUIZ ESCUDERO, jubilado, militante de Attac Madrid

María RUIZ LUQUE, doctoranda del Departamento de Filosofía de la UAM, miembro del colectivo GASP

Jorge RUIZ MORALES, Profesor de Didáctica de las Ciencias Sociales (Universidad de Sevilla)

Waleed SALEH, profesor (Universidad Autónoma de Madrid)

Blanca SALINAS, profesora de instituto (jubilada), miembro de STOP 5G Segovia y del grupo de trabajo sobre digitalización, informatización, TIC, CEM y 5G de Ecologistas en Acción.

Santiago SALVADOR DE LEÓN, miembro de la FRAVM

Víctor SAMPEDRO, profesor universitario de Opinión pública y comunicación política (URJC, Madrid)

Juan SÁNCHEZ, investigador-docente en economía (jubilado) en la Universidad de La Laguna

Julián SÁNCHEZ GONZÁLEZ, profesor de Economía (Universidad Autónoma de Madrid)

Jesus Angel SÁNCHEZ MORENO

Adrián SANTAMARÍA, doctorando del Departamento de Filosofía (UAM), miembro del colectivo Lapicero Blanco

María SANTANA, miembro del Grupo Surrealista de Madrid

Emilio SANTIAGO MUIÑO, doctor en Antropología, profesor de la Universidad de Zaragoza, miembro del Instituto de Transición Rompe el Círculo

Franck SARDA, ganadero en la Loire

Ángeles SAURA

Joaquim SEMPERE, sociólogo, profesor emérito de la Universidad de Barcelona, redactor de la revista mientras tanto

Antonio SERRANO, miembro del Foro Transiciones

Héctor SILVEIRA, profesor de Filosofía del derecho (Universidad de Barcelona)

Floran SIMATOS, investigador en matemáticas en l’Isae-Supaéro (Toulouse), Atecopol

Xavier SIMÓN, economista ecológico (Departamento de Economía aplicada de la Universidad de Vigo)

Anne STEINER, investigadora-docente en sociología en Paris X-Nanterre

Laure TEULIERES, investigadora-docente en historia contemporánea (Toulouse 2), Atecopol

Clarie THERON, Appel de Beauchastel y Écran total (Loire), revista L’Inventaire

Isabella TOMASSI, precaria de la enseñanza superior, Écran total (Lyon)

Gorka TORRE ROCA

Esther TORRADO, socióloga, profesora-investigadora (Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de la Laguna)

José Anastasio URRA-URBIETA, investigador-docente Universitat de València (UV), autor de
Dirección Estratégica para el siglo XXI. La gestión ante los límites del crecimiento, miembro de CGT y ATTAC

Carlos USÓN VILLALBA

Gabriel VALIN

Alba VALVERDE, profesora del Dpto. Análisis Económico: Economía Cuantitativa de la UAM.

Pascale VALOTEAU, traductora

Pilar VEGA, consultora de gea21, S.L. y Doctora en Geografía

José Luis VELÁZQUEZ, profesor de Filosofía moral (UAM) y miembro de Ecologistas en Acción

Ignacio VENTO VILLATE, profesor-investigador de Filosofía y condición humana (UAM)

César de VICENTE HERNANDO, director de escena, profesor de la Universidad de Almería

Núria VIDAL DE LLOBATERA, bióloga jubilada de la Administración pública, miembro de Ecologistes en Acció de Catalunya

Rocío de la VILLA, investigadora y docente, Departamento de Filosofía de la UAM

Sergio VILLALBA JIMENEZ, profesor universitario (Departamento de Educación Artística de la Universidad de Sevilla)

Inés VILLANUEVA PÉREZ, estudiante de Filosofía, Política y Economía

Jaime VINDEL, investigador Ramón y Cajal del Instituto de Historia del CSIC

Rachel VORON, Écran Total (Loire)

Rafael XAMBÓ, profesor de Sociología (Universidad de Valencia)

Ángel ZAPATA, miembro del Grupo Surrealista de Madrid

RESEÑA

Vals de crímenes

Título: Crimen
Autor: Agustín Espinosa
Edición de: Alexis Ravelo
Sello: Siruela
Colección: Libros del Tiempo 378
Edición:1ª, 2019

 

93789886_544736086456992_2804405617547018240_nHace apenas unos meses que la editorial Siruela publicó Crimen, una de las obras más transgresoras de los años 30, del canario Agustín Espinosa. La presente edición incluye un interesante prólogo de Alexis Ravelo que aporta una visión panorámica de la vida y la obra de su autor y, a modo de introducción, se ha incorporado el poema “Oda a María Ana, primer premio de las axilas sin depilar de 1930”, un poema lleno de humor y erotismo que fue dedicado a una mujer andaluza con la que mantuvo una relación amorosa durante sus años de estudiante en Granada, años en los que, por cierto, conoció a Federico García Lorca.

Agustín Espinosa es uno de los grandes olvidados de la literatura en nuestro país, aunque en los últimos años se le está publicando y homenajeando bastante. Su vinculación con el movimiento surrealista durante los años 30 fue esencial. Por ejemplo, a partir de 1932 comenzó a colaborar estrechamente en la revista Gaceta de Arte, fundada en ese mismo año por Eduardo Westerdahl, y formó parte del grupo conocido como “La facción surrealista de Tenerife”, integrado, entre otros,  por Domingo López Torres, Pedro García Cabrera, Emeterio Gutiérrez Albelo, Eduardo Westerdahl y Domingo Pérez Minik, de quienes Ramón Gómez de la Serna dijo “Están ustedes creando un faro que se ve desde aquí”. Además en 1935 participó en la organización de la II Exposición Internacional del Surrealismo en Canarias, firmando un manifiesto con André Breton y Benjamin Peret quienes por cierto, acudieron en persona a Tenerife junto con Jacqueline Lamba para participar en el evento.

Crimen fue publicado en 1934 y provocó un gran escándalo pues los sectores más reaccionarios de la sociedad no tardaron en tacharla de pornográfica e irrespetuosa. De hecho, al poco de iniciarse la guerra civil el propio autor se vio en la obligación de esconderla y durante todos los años de la dictadura permaneció arrinconada en el olvido por el canon literario. Se ha hablado mucho sobre el género al que pertenece esta obra; desde considerarla como una novela “extraña”, un compendio de breves narraciones hasta poemas en prosa. Yo me limitaría a decir lo que dijera Fernando Arrabal de su propio libro La piedra de la locura: “Es un libro pánico”. Ciertamente Crimen tiene mucho de narración de sueños y me atrevería a asegurar que, incluso, de automatismo. En mi opinión creo que lo que pretendía su autor con este “crimen” era precisamente acabar con la literatura burguesa que hasta entonces había predominado y configurado la cultura del momento, para así acceder a otras formas expresivas, experimentales, arriesgadas e imposible de etiquetar bajo los esquemas analíticos de entonces, y puede que, incluso, del presente.

Al inicio del libro el protagonista describe un crimen que acaba de cometer, alternando el lenguaje erótico con el escatológico. A lo largo de la obra se van sucediendo nuevos crímenes, de lo más dispares y disparatados. No hay empaque narrativo. El lector sentirá la sensación de haberse adentrado en un encadenamiento de pesadillas en las imperan la muerte, el crimen y las pulsiones asesinas, pero lo sórdido se mezcla con un impulso imaginativo de gran belleza onírica, alcanzando un punto de equilibrio admirable. Hay momentos, incluso, en los que diría que los crímenes parecen adquirir características geológicas y cósmicas.

Una eicomo por ejemplo cscrit Crimen.presente)a u¡ranada. los vanguadistas rumanos.y la desolaci                                   última cuestión. En el prólogo Alexis nos recuerda un dato importante: en 1926, poco después de licenciarse y tras haber trabajado en Tenerife como ayudante de cátedra de Lengua y Literatura de la Universidad de la Laguna, Agustín Espinosa viajó a Bucarest. Me pregunto si Agustín ya conocía la obra del gran vanguardista rumano Urmuz, o si durante esa visita a Rumanía llegaría a conocer al vanguardista Geo Bogda -que en esa año tendría unos 18 años- o, al menos, sus primeros escritos. Supongo que no; aún faltaban tres años para que Geo Bogda publicase su célebre obra Jurnal de sex (“Diario del sexo”). Recordemos que Bogda fue encarcelado dos veces acusado de obscenidad por sus polémicos poemas y su figura significó un puente entre la vieja vanguardia rumana de principios de siglo y la generación de poetas vanguardistas posterior a él, los editores de la revista Alge. De todos modos hay grandes similitudes entre los crímenes descritos en Crimen y la escritura de muchos de los vanguardistas rumanos del periodo de entreguerras, como por ejemplo con los asesinatos descritos en los primeros poemas[1] de adolescencia de Gherasim Luca, que comenzaría a publicar en los años 30 en revistas como Pula o Alge. Claro que lo mismo podríamos preguntarnos acerca de la influencia de muchas de las obras de los surrealistas franceses de finales de los años 20, o incluso de muchos de los precursores de este movimiento. En cualquier caso me pareció curioso esa visita a Bucarest en un momento en que esa ciudad era considerada por muchos la capital cultural del mundo.

Tras el inicio de la guerra civil Agustín Espinosa no corrió la misma suerte que otros de sus compañeros, como Domingo López Torres, que fue asesinado en 1937 por los fascistas, pero fue condenado al ostracismo académico y literario; a pesar de la intermediación de amistades afectas al nuevo régimen se le expulsó de su cátedra y tuvo que declarar su unión al Movimiento y afiliarse a Falange para salvar el pellejo. Falleció poco después, en 1939, tras haber sido intervenido quirúrgicamente a consecuencia de una úlcera de duodeno. Hoy en día, a pesar de las ediciones y los homenajes puntuales, puede decirse que sigue permaneciendo sepultado en el olvido, de hecho no se le considera ni siquiera miembro de la Generación del 27, generación en la que debería ser ubicado. En tiempos como los actuales en los que la corrección política y las derivas autoritarias de los gobiernos hacen peligrar la poca libertad de expresión que nos quedaba creo que obras como Crimen deben ser reivindicadas, ahora más que nunca. Para aquellos que deseen profundizar en la vida y en la obra de Agustín Espinosa les recomiendo leer el ensayo Agustín Espinosa, entre el mito y el sueño, publicado en 1986 o la edición de sus obras completas en cuatro volúmenes, editadas en la colección Insoladas, cuyo autor es José Miguel Pérez Corrales, uno de los mayores expertos en surrealismo y en la obra espinosiana.

Por cierto, al inicio del bloque final titulado “Invierno” de Crimen el mismo Agustín Espinosa alude a una pieza musical: “Valse poudrée” de Francis Popy. A todos aquellos que se animen a leer esta obra les aconsejo que lo hagan con esta música sonando de fondo pues eso les trasladará a los convulsos y agitados años 20, años en los que precisamente nació el surrealismo.

Vicente Gutiérrez Escudero

[1] Ver antología La zozobra de la lengua, Ed. El Desvelo, 2017. https://zasmadrid.com/la-zozobra-de-la-lengua-se-publica-la-antologia-mas-completa-de-gherasim-luca/

 

En https://www.elfaradio.com/2020/04/20/vals-de-crimenes/

ARTÍCULO

ANTE EL CORONAVIRUS: HABITAR LA DESOBEDIENCIA

Lxs amigxs de librería La Vorágine. Cultura crítica me acaban de publicar mi artículo, que tiene mucho de análisis de urgencia: “Habitar la desobediencia: incubando la insurrección en tiempos pestilenciales“, en su blog “Apocaelipsis. Reflexiones estructurales ante el pánico, los virus y otras coyunturas”, que es un espacio de debate y reflexión en torno a la pandemia vírica del COVID-19 pero también en torno a la pandemia capitalística que continúa destruyendo la biosfera.

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Foto de Vicente Gutiérrez Escudero, realizada en Santander.

“Invito a experimentar nuevas formas de resistencia e insurrección, a todos los niveles; habitando juntxs otra sabiduría, otras desobediencias, otro erotismo, otro miedo e incluso otra subjetividad. Cualquier gesto radical sirve para oponerse a este estado de alarma injustificado y a este sistema de pesadilla. Que cada cual elija cómo desobedecer, cómo saltarse este estado de alarma planetario. Debemos redirigir la ira, el pánico y la imaginación contra el propio sistema que ha propiciado desastres como la aparición del coronavirus. En este contexto tan confuso e incierto se abren ante nosotrxs numerosas travesías de insubordinación, físicas y mentales”

En https://lavoragine.net/habitar-la-desobediencia-vicente-gutierrez/

TRADUCCIÓN

Acabo de traducir este artículo de Julie Turkewitz sobre las recientes revueltas en distintas  cárceles de toda latinoamérica, a consecuencia de las duras medidas tomadas por los distintos gobiernos para afrontar al coronavirus.

Disturbios carcelarios en Colombia por temor al coronavirus dejan al menos 23 muertos.

Las muertes siguieron a las protestas penitenciarias en todo el país en las que los reclusos argumentaron que las autoridades no estaban haciendo lo suficiente para controlar el coronavirus.

Julie Turkewitz

BOGOTÁ, Colombia – Al menos 23 reclusos murieron en enfrentamientos con las autoridades penitenciarias durante el fin de semana después de lo que los prisioneros describieron como protestas contra los funcionarios por no haber hecho lo suficiente para controlar la propagación del coronavirus.

Captura de pantalla 2020-03-23 a las 2.05.33Las protestas estallaron en 13 centros penitenciarios en toda Colombia. Los enfrentamientos mortales ocurrieron en la prisión La Modelo en la capital, Bogotá, y los funcionarios describieron los disturbios como un intento de los reclusos para escapar.

La ministra de justicia del país, Margarita Cabello, dijo en un video el domingo por la mañana que los disturbios fueron parte de un “intento de escape masivo y criminal” que las autoridades habían frustrado, y que no había “ningún problema de saneamiento” en la prisión. Ella dijo que al menos 23 personas habían muerto.

Estos disturbios se enmarcan dentro de una serie de enfrentamientos violentos en varias cárceles latinoamericanas desde la llegada del coronavirus a la zona.

Crecen las preocupaciones en todo el mundo sobre los riesgos que sufren los reclusos y los trabajadores en las cárceles, donde los espacios cerrados y los procedimientos médicos realizados bajo presión pueden poner a las personas en mayor riesgo de infección. Un recluso en el Centro de Detención Metropolitano en Brooklyn dio positivo el sábado por el coronavirus, según la Oficina Federal de Prisiones. Es el primer caso conocido que afecta a un recluso en el sistema penitenciario federal de EEUU.

El domingo por la mañana, el Ministerio de Salud de Colombia dijo que el país tenía 231 casos confirmados de coronavirus, lo que resultó en dos muertes. No hubo casos de coronavirus en La Modelo, según el ministerio de justicia.

Hablando desde un teléfono celular dentro de otra prisión de Bogotá, La Picota, Oscar Sánchez, un recluso de 42 años, calificó los enfrentamientos como “una masacre que hasta ahora ha cobrado más vidas que el coronavirus en Colombia”.

“Estamos tratando de lanzar un SOS”, dijo el Sr. Sánchez, y agregó que la prisión estaba abarrotada, que los reclusos no habían recibido suficiente información sobre cómo protegerse, y que a muchos les preocupaba que los guardias introdujeran el virus en el complejo.

“Si hay una infección, sería una bomba de tiempo”, dijo.

El domingo por la mañana, los familiares de los reclusos se congregaron en las afueras de La Modelo, algunos con mascarillas, y exigieron información sobre sus seres queridos. Escucharon mientras un funcionario con un megáfono gritaba los nombres de los prisioneros heridos.

En la vecina Venezuela, al menos 10 prisioneros murieron la semana pasada en la prisión de Retén de Cabimas en el estado de Zulia, según el gobernador Omar Prieto. Varios reclusos más escaparon.

En Brasil, los disturbios en cuatro prisiones en São Paulo llevaron a la fuga de cientos de presos el martes. Los disturbios comenzaron después de que los funcionarios estatales suspendieran los permisos de licencia temporales de 34.000 prisioneros en un esfuerzo por prevenir el contagio generalizado de coronavirus tras las rejas.

Para el miércoles, funcionarios en São Paulo dijeron que habían detenido a 720 de los prisioneros que escaparon. No estaba claro cuántos quedaban en libertad.

Los reclusos en varias cárceles francesas también han protestado en los últimos días, en este caso manifestando contra las medidas de confinamiento del gobierno, que han restringido severamente el acceso al mundo exterior, principalmente mediante la suspensión de los derechos de visita familiar.

Fuente: https://www.nytimes.com/2020/03/22/world/americas/colombia-prison-riot-dead.html

Traducción Vicente Gutiérrez Escudero

ARTÍCULO

Raoul Vaneigem y el Coronavirus,
o cómo la mentira da paso al colapso general

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Ya hay texto de Raoul Vaneigem sobre el asunto. Lo ha publicado en https://lavoiedujaguar.net/Coronavirus. Podéis leerlo en francés. El texto es breve, como la mayoría de artículos que en general se están publicando sobre esta pandemia. En realidad es un problema que está en relación con muchos otros y es difícil coger una u otra dirección a la hora de abordarlo. El Coronavirus da para mucho y supongo que en los meses venideros todo el mundo vaya desarrollando discursos que adopten una mayor perspectiva. El caso es que Vaneigem acaba de publicar un texto de once párrafos en el que lanza algunas ideas muy interesantes al respecto, ideas que paso a desbrozar.

El texto empieza haciendo referencia a las maldiciones divinas, poniendo como ejemplo la matanza de jesuitas que llevó a cabo el marqués de Pombal en 1755 aprovechando el terremoto de Lisboa. Según Vaneigem no importa cuán atroz pudiera ser Pombal, pero éste se sentiría “insultado si se comparase su golpe dictatorial con las miserables medidas que el totalitarismo democrático está aplicando en todo el mundo por la epidemia de Coronavirus” [las cursivas son mías]. Después recurre a más comparaciones; habla de las grandes epidemias de peste del pasado y compara la furia divina con las crisis económicas actuales, afirmando que: “la locura del dinero ha suplantado a los dioses sanguinarios y caprichosos del pasado” y nos recuerda que el progreso científico de “los administradores de la deshumanización global” causan catástrofes fatales que afectan irremisiblemente a la naturaleza y la humanidad.

Prosigue lanzando una crítica a esa subordinación de la salud pública a las leyes de la ganancia y la rentabilidad. Y lo hace en estos términos: “El sector hospitalario paga el precio de una política que promueve intereses financieros a expensas de la salud de los ciudadanos. Siempre hay más dinero para los bancos y cada vez menos camas y cuidadores para los hospitales”, algo que más o menos sabíamos pero que esta crisis ha evidenciado en cuanto el número de muertos por fiebre ha sido superior a la capacidad de absorción de enfermos del sistema. Después aborda la cuestión del estado de pánico en el que estados de todo el mundo están confinando a su población: “parece no menos obvio que lo que cubre y subyace a la epidemia del Coronavirus, es una plaga emocional, un miedo histérico, un pánico que al mismo tiempo oculta la escasez de tratamientos y perpetúa el mal enloquecedor del paciente”. Pero no se limita a ver en la irrupción del Coronavirus una justificación del miedo por parte del Estado para facilitar su dominación sino que trata de ver algo de positividad en ello pues es, sin duda, un golpe de verdad, una bocanada de realidad que, dada la falta de percepción, pensamiento crítico y consciencia de estar ante un despeñadero ecológico y social, necesitábamos de manera urgente.

Es cierto que muchas personas que negaban el ecocidio ahora lo ven más nítidamente. Es cierto que cuando hablabas a mucha gente, con datos en la mano procedentes de instituciones como la propia Agencia Internacional de la Energía, acerca de los límites biofísicos del planeta, del cénit del petróleo y del cénit de otros recursos fósiles como el gas natural y el carbón, o del agotamiento de muchos minerales como el cobre (se habla ya del “peak everything”), todos miraban para otro lado o recurrían a un mecanismo de negación inconsciente que les llevaba a responder: “Ya descubrirán algo” o “Confiemos en la capacidad de innovación de la humanidad”, mecanismos tecnolátricos muy habituales en la industria del ocio actual e incluso en muchos círculos académicos de las áreas científicas. Ahora, gracias al Coronavirus, muchos y muchas le han visto las orejas al lobo y sus mecanismos de negación ya se han empezado a resquebrajar. Además, muchos y muchas que han votado a partidos que no dudaban en recortar en gasto sanitario y privatizar hospitales ahora se lo pensarán dos veces antes de hacerlo. En ese sentido Raoul Vaneigem se pregunta: “¿Era necesario el coronavirus para demostrar al más terco que la desnaturalización por razones de rentabilidad tiene consecuencias desastrosas para la salud universal, la que gestiona sin abatimiento una Organización Mundial cuyas preciosas estadísticas compensan la desaparición de hospitales públicos?”

Si el capitalismo fosilista hace aguas por todas partes, el Coronavirus es uno de sus agujeros. Cuando Vaneigem asegura que “Existe una correlación obvia entre el coronavirus y el colapso del capitalismo mundial” dan ganas de pedirle que desarrolle esa ligazón; supongo que lo hará en breve aunque todos y todas ya sabemos que en eso tienen mucho que ver la globalización industrial capitalista, el extractivismo depredador, el infierno urbanizador, los transgénicos, la contaminación de mares, lagos y ríos, la explosión demográfica, la agroganadería industrial, el turismo de masas, el sistema de transportes internacional y el low cost generalizado.

Por otro lado, hacia el final del texto, reflexiona sobre el encierro obligado en el que muchos y muchas nos hallamos. Aunque muchos de los entretenimientos programados de nuestro día a día han sido “cancelados” como los espectáculos de masas, la televisión e Internet siguen ahí, en nuestros móviles y salones. A tenor de sus palabras da la sensación de que Raoul Vaneigem ve en ellos algo positivo pues, aún confinados en casa, delante de la televisión y sometidos a los medios de comunicación habituales, afirma que: “incluso la mentira da paso al colapso general. La cretinización estatal y populista ha alcanzado sus límites”. Aunque existan motivos económicos de peso, no es casual que programas como Operación Triunfo se hayan cancelado; quizá también haya influido el pudor y la vergüenza de los responsables de programación, al verse en la ingrata tesitura de tener que mantener semejantes trampantojos mediáticos con un trágico golpe de realidad como es el Coronavirus, golpe que está haciendo ya reflexionar a muchos y muchas, y percibir de otro modo.
La mentira, según Vaneigem, “no puede negar que una vivencia está en progreso. La desobediencia civil se propaga y sueña con sociedades radicalmente nuevas por tanto radicalmente humanas”. Este estado de alarma, a pesar de obligar a trabajar a unos –para no romper del todo la rueda de la producción-consumo- y someter al “confinamiento forzado” a otros, tal vez les haga a todos y todas perder el miedo a pensar por sí mismos, pues ya hemos empezado a percibir el declive capitalista que nos impide pasear, reunirnos, y mañana, tal vez, a muchos y muchas, volver a practicar turismo de masas, seguir trabajando o poder pagando el alquiler. Y tras recordar el rechazo por parte de los huelguistas ante sus propuestas recientes de no pagar multas o recurrir a la insumisión fiscal como método de lucha, Vaneigem reconoce que: “El colapso del Leviatán ha conseguido convencer más rápido que nuestra determinación por derribarlo.”

Otra de las observaciones más atinadas tiene que ver con que, aunque el capitalismo termo-industrial y financierizado siga su curso, el Coronavirus ha demostrado que materialmente es posible un parón –aunque sea limitado y parcial- de la producción y el consumo. Es un parón reducido, es cierto, pero inimaginable hace escasos meses cuando al calor de la Cumbre del Clima (COP25) se desoyeron todas las peticiones de los movimientos ecologistas para frenar la emisión de dióxido de carbono en la atmósfera. “El Coronavirus lo ha hecho aún mejor”, nos dice Vaneigem, pues “El fin de las nocividades del productivismo ha reducido la contaminación global, salva a millones de personas de una muerte planificada, la naturaleza respira, los delfines vuelven a divertirse en Cerdeña, los canales de Venecia purificados del turismo de masas se llenan de agua dulce, el mercado de valores se derrumba. España decide nacionalizar los hospitales privados, como si estuviera redescubriendo la Seguridad Social, como si el estado recordara el estado de bienestar que destruyó”. Y es verdad; todos hemos podido comprobar cómo, tan sólo en unos días, se respira aire más limpio y se pasea –aunque esté siendo bajo el fingimiento de ir a hacer la compra- con menos contaminación acústica. En Venecia, por ejemplo, sus vecinos se han sorprendido de ver las aguas transparentes, incluso han podido ver peces. Aunque sea de forma reducida y aunque ignoremos hacia dónde nos encaminamos, estamos viviendo un breve parón en nuestras vidas que nos está haciendo replantearnos muchas cosas. A pesar de este encierro forzado, injustificado o no según criterios sanitarios, concluye Vaneigem: “Nuestro presente no es el confinamiento que la supervivencia nos impone, es la apertura a todas las posibilidades. Es bajo el efecto del pánico que el estado oligárquico se ve obligado a adoptar medidas que solo ayer decretó imposibles”. El Coronavirus ha servido, también, para evidenciar el cinismo con que la gran burguesía y de la casta política que ha dirigido el Estado justificaban la “austeridad”. Al final del texto Vaneigem deja abierta la puerta a la pasión de lo colectivo, a la reconfiguración de la lucha venidera; “La cuarentena es buena para pensar. El encierro no elimina la presencia de la calle, la reinventa. Déjenme creer, con un escepticismo contra toda prueba, que la insurrección de la vida cotidiana tiene virtudes terapéuticas inesperadas”. Tal vez este encierro sea eso: un paso para atrás ahora pero dos hacia delante después.

Vicente Gutiérrez Escudero
18 de marzo de 2020, año de la Neopeste.

 

https://lavoiedujaguar.net/Coronavirus